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Sistema capitalista

Sistema capitalista

Encontramos el origen del sistema capitalista en la transición de la Edad Media a la Edad Moderna. Con el renacimiento urbano y comercial de los siglos XIII y XIV, se presentó en Europa una nueva clase social: la burguesía. Esta nueva clase social estaba buscando ganancias a través de actividades comerciales.

En este contexto, también hay banqueros y cambistas, cuyas ganancias fueron relacionadas con el dinero en circulación en una economía que estaba en pleno desarrollo. Los historiadores y economistas identifican esta burguesía y también la de los los cambistas y banqueros, como ideales embrionarios del sistema capitalista: obtención de ganancias, acumulación de riqueza, control de sistemas de producción y expansión de los negocios.

Primera fase: Capitalismo comercial o Pre-capitalismo

Este período se extiende desde el siglo XVI al XVIII. Comienza con las grandes navegaciones y expansiones marítimas europeas, el escenario en el cual la burguesía mercantil comienza a buscar riquezas en otras tierras fuera de Europa.

Los comerciantes y la nobleza buscaban oro, plata, especias y materias primas que no se encuentra en suelo europeo. Estos mercaderes, financiados por los reyes y los nobles, llegaban a América para comenzar un ciclo de exploración cuyo principal propósito era el enriquecimiento y la acumulación de capital. En este contexto, podemos identificar los siguientes aspectos capitalistas: la búsqueda de beneficios, el uso de mano de obra asalariada, implantación de la moneda sustituyendo el sistema de intercambios, relaciones bancarias, fortalecimiento del poder de la burguesía y desigualdades sociales.

Segunda fase: Capitalismo Industrial

En el siglo XVIII, Europa sufre un cambio significativo con respecto al sistema de producción. La Revolución Industrial comenzó en Inglaterra, fortaleciendo el sistema capitalista y solidificando pronto sus raíces en Europa y en otras regiones del mundo.

La Revolución Industrial cambió el sistema de producción, puesto que la máquina pasa a hacer el trabajo realizado anteriormente por los artesanos. El dueño de la fábrica conseguía, de esta forma, aumentar los márgenes de beneficio porque la producción se desarrollaba de manera más rápida y no requería personal con capacitación técnica. Si por un lado trajo beneficios (caída en el precio de las mercancías), por el otro la población perdió sus condiciones salariales. Desempleo, bajos salarios, malas condiciones laborales, contaminación del aire y las aguas y accidentes en las máquinas fueron problemas enfrentados por los trabajos de esta fase.

El beneficio fue para el empresario que pagó un bajo salario de los trabajadores de mano de obra. Las industrias, usando las máquinas de vapor, se extendieron rápidamente por las cuatro esquinas de Europa. El capitalismo era su nuevo formato y el obrero la mano de obra abaratada.

Muchos países europeos en el siglo XIX, comenzaron a incluir a Asia y África dentro de este sistema. Estos dos continentes han sido explotados por los europeos, dentro de un contexto conocido como neocolonialismo. Las poblaciones de estos continentes, fueron dominadas por la fuerza y tenían sus materias primas y su riqueza bajo el control de los colonos. También eran forzados a trabajar en los depósitos de minerales y a consumir los productos industrializados de las fábricas europeas.

Tercera fase: Capitalismo monopolista-financiero

Iniciada en el siglo XX, esta fase tendrá en el sistema bancario, en las grandes corporaciones financieras y en el mercado globalizado los resortes principales de desarrollo. Podemos decir que este periodo está en pleno funcionamiento hasta los días presentes.

Una gran parte de las ganancias y el capital en circulación en el mundo pasa a través del sistema financiero. La globalización ha permitido que las grandes corporaciones produzcan sus productos en diversas partes del mundo, tratando de reducir los costos. Estas empresas, dentro de una economía de mercado, venden estos productos para varios países, manteniendo un comercio activo de grandes proporciones. Los sistemas informatizados posibilitan la circulación y transferencia de valores en tiempo casi real.

A pesar de que las industrias y el comercio continúan en expansión y en un buen lucro, podemos decir que los sistemas bancarios y financieros son los más beneficios pues son aquellos que acumulan mayor capital dentro de este contexto económico actual.

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