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Calentamiento global: causas, consecuencias y prevención

Calentamiento global causas, consecuencias y prevención

El mundo se está volviendo más cálido. ¿Pero esto es un proceso natural de la Tierra o surge de la acción humana? Hay muchas discusiones alrededor del tema, pero siempre es correcto aclarar qué es el efecto invernadero.

El efecto invernadero es un proceso que ocurre cuando la radiación infrarroja en la superficie terrestre, que a su vez tiene origen la luz del sol, es absorbida por gases presentes en la atmósfera, principalmente el vapor de agua (H2O) y el dióxido de carbono (CO2), pero otros gases como el metano (CH4), el óxido nitrosos (N2O9, la familia de los CFCs (CFxClx) se presentan como fuertes captadores de radiación infrarroja y potenciadores del efecto invernadero. Ese conjunto de gases son, por tanto, llamados Gases de Efecto Invernadero o GEI.

El efecto invernadero es un proceso fundamental para la vida en la Tierra porque hace que el planeta se mantenga caliente, pero el aumento significativo de las emisiones de gases de efecto invernadero asociado a otras acciones también promovidas por la actividad humana, como la deforestación de bosques por ejemplo, han sido determinantes para producir un desequilibrio del balance de energía ocasionando mayor retención de energía y el aumento del efecto invernadero, con el calentamiento de la baja atmósfera y aumento de la temperatura media del planeta. El calentamiento global se convirtió en uno de los mayores problemas de la Tierra, con efectos que pueden resultar catastróficos.

Estudios y predicciones

Aun cuando la acción humana no es la única influyente en este sentido, su impacto es innegable. La discusión sobre la determinación o no de la acción antrópica (causante por el hombre) sobre los cambios climáticos, incluso cuando la mayoría de la clase científica conozca su gravedad, parece ingenua. Es un hecho evidente que la acción antrópica impone daños graves a su propio hábitat y las consecuencias negativas reiteradamente se comprueban en los más variados aspectos, sea en la alarmante reducción de la biodiversidad, en la explotación desmedida de recursos naturales y particularmente en la generación de contaminantes a niveles inaceptables para una sociedad que se dice como civilizada.

Datos muestran que, innegablemente, el planeta está más caliente, década tras década. Sin embargo, no hay ninguna investigación definitiva sobre los daños reales a largo plazo establecidos por la relación entre calentamiento global y aumento de emisiones, que en realidad, podemos interpretar como contaminantes lanzados deliberadamente en el aire. Por otro lado, estudios ya relacionan la ocurrencia de partículas contaminantes en el aire, entre otros problemas, al desarrollo de autismo en niños, inflamación de los vasos sanguíneos y problemas durante la gestación.

Focalizando las reflexiones del calentamiento global sobre el planeta, científicos de la Universidad de Bristol, en Reino Unido, publicaron un estudio en la revista Nature que estima que un aumento en el nivel del mar podría darse en el orden de 90 centímetros hasta el año 2100, por causa del deshielo de los glaciares y de la expansión de las aguas oceánicas causados por el aumento del calor. El aumento del nivel del mar traería consigo la desaparición de islas y hasta países completos, además de daños para ciudades litorales, causado por la desaparición de las áreas más bajas.

Otro estudio sugiere que el cambio climático puede aumentar el número de erupciones volcánicas. Al analizar el último millón de años, los investigadores consiguieron establecer una relación directa entre cambios climáticos y el consecuente derretimiento de glaciares, con el aumento de actividades volcánicas. Eso por el hecho de que, con el aumento de la cantidad de agua en los océanos causado por el derretimiento, la presión sobre el suelo oceánico aumenta, haciendo que las oportunidades de erupciones aumenten.

Un estudio dirigido por Nigel Arnell, director del Instituto Walker de la Universidad de Reading, demuestra que al establecer políticas que garanticen el aumento de la temperatura a 2 °C hasta 2100, los impactos ambientales se reducirían hasta en un 65%. En la actualidad, la predicción es que, al final del siglo, el mundo será 4 °C más caliente.

La gravedad de la situación puede medirse en el flagrante compromiso corporativo en relación con el tema. En un informe encargado por el Foro Económico Mundial, titulado Global Risks 2013, el efecto invernadero es reconocido como el mayor riesgo global por cuenta de los grandes fenómenos climáticos de 2012 como el huracán Sandy y las inundaciones en China. La industria de seguros es un buen ejemplo de ello, acompaña con aprensión la sucesión creciente de desastres naturales que impacta, directa e imprevisiblemente, el riesgo de sus operaciones.

¿Dónde está el problema y qué hacer al respecto?

La conciencia y el cambio de actitud son lo más importante en cuanto al asunto del calentamiento global. Para contribuir con la disminución de emisión de gases de efecto invernadero, en primer lugar es necesario saber dónde están esos gases.

El dióxido de carbono es encontrado principalmente en la quema de combustibles fósiles como gasolina, diesel y carbón. Para evitar ese tipo de contaminación, la reducción del uso deliberado del automóvil parece ser un buen camino, a pesar de las políticas industrial, económica y urbana en nuestro país caminar en sentido exactamente opuesto. Las bicicletas son buenas opciones para desplazamientos de corta distancia y para viajes de largo trayecto transporte público de calidad, especialmente trenes y metro, que usan fuentes renovables de energía, las mejores alternativas. Al ser capaces de mantenernos como una matriz energética basada fundamentalmente en energía renovable, como la hidroeléctrico, estímulos al abaratamiento de la tecnología de vehículos eléctricos y a la migración del parque automotriz para vehículos eléctricos o híbridos marcaríamos un cambio importante.

El uso masivo de fertilizantes nitrogenados en la agricultura es también un fuerte amplificador de efecto invernadero, ya que además exigir grandes cantidades de energía en su producción, cuando se aplica al suelo emite nitrógeno en la atmósfera. El gas, combinado con el oxígeno da lugar a un poderoso GEE cuyo potencial de retención de calor en la atmósfera es del orden 300 veces superior al dióxido de carbono (CO2). En este caso las alternativas para la reducción de daños todavía son limitadas. La fijación biológica del nitrógeno es un uso interesante y actualmente aplicado en la producción de soja, aunque su alcance se encuentre limitado. Ocurre que las tecnologías para absorción de este nutriente, el nitrógeno, todavía no incurren en escala suficiente para la reducción material de los daños causados por el proceso actual, restando como alternativa básica la eficiencia en la aplicación de los fertilizantes, es decir, la menor cantidad posible para obtener los mejores resultados agrícolas esperados. El escenario de crecimiento de la población mundial agrava el cuadro y recomienda emergencia en la aparición de nuevas técnicas de producción.

Ya el metano, GEE cerca de 20 veces más potente que el dióxido de carbono en la retención de calor en la atmósfera, a ella llega de diversas formas, entre las cuales tenemos: emanación a través de volcanes de lodo y fallas geológicas, descomposición de residuos orgánicos, fuentes naturales (por ejemplo, pantanos), en la extracción de mineral combustible (tales como el gas de esquisto mediante fracturamiento hidráulico), fermentación entérica de los animales (herbívoros, carnívoros y omnívoros), bacterias y combustión de biomasa anaeróbica. En algunos de estos casos somos capaces de reducir estas emisiones a través de prácticas de consumo más sostenibles. Con respecto a la descomposición de residuos orgánicos, la fermentación anaeróbica y el compostaje son consideradas tecnologías mitigadoras por reducir las emisiones GEE por tonelada de residuo tratado, la primera con la ventaja de generar energía como subproducto y la siguiente en la generación de fertilizante. La adopción progresiva de fuentes de energías renovables y menos contaminantes, como la eólica y la solar, en sustitución a las fuentes fósiles, y la reducción en el consumo de carne animal perfilarían un conjunto de iniciativas capaces de reducir materialmente los daños asociados a las emisiones de metano originadas en el consumo.

Aunque el consumo de CFCs (clorofluorocarbonos) haya sido eliminado en el país regularmente, todavía existen equipos de refrigeración y aire acondicionado que operan en base a esos gases nocivos. Alternativamente a los CFCs, bajo el argumento de ser un 50% menos destructivos a la capa de ozono, surgieron los HCFC (hidroclorofluorocarbonos), solución también para la industria, ya que la cadena de producción para elaborarlo era similar a la de los CFCs. Por otro lado, la nueva solución, basada en los gases llamados fluorados, representa una gran contribución para el calentamiento global por tratarse de contaminantes altamente perjudiciales por encima del dióxido de carbono. Por ello, la Unión Europea presionó por su prohibición en favor de alternativas naturales no sintéticas, como el amoníaco o el dióxido de carbono, que tienen altas propiedades de enfriamiento bajo este fin.

Finalmente, todavía hay una medida importante para ser tomada y que refiere al carácter político de nuestra vida en sociedad. Un ciudadano consciente y ambientalmente educado reúne la argumentación y las condiciones necesarias para, además de las mejores elecciones en su consumo particular, imprimir equivalente selectividad en sus opciones relacionadas a la representatividad legislativa y ejecutiva. Sobre su capacidad de articulación en sociedad para el cobro sobre políticas ambientales consistentes y acciones de las autoridades que elige, como inversiones en movilidad urbana de calidad, regulaciones y fiscalización de emisiones, deforestación de bosques, preservación de la biodiversidad, fomento a las investigaciones, en definitiva, una actitud que contribuya para la construcción de condiciones más equilibradas y dignas para la convivencia de las especies entre sí y con el medio que habitan.

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