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Miel

Miel

El consumo de miel es altamente beneficioso para nuestro cuerpo y nuestra salud, ya que existen pruebas de que la miel es una gran fuente de energía, estimula la formación de glóbulos rojos porque posee ácido fólico y ayuda también a aumentar la producción anticuerpos.

Es antiséptico, conservante, antibiótico y edulcorante natural. Si normalmente se consume miel, estamos enriqueciendo nuestra dieta, ya que, con un efecto emoliente, ayuda a la digestión al mismo tiempo que acelera y fortalece el tórax, el sistema nervioso y los pulmones.

Contiene vitaminas B, C, D y E, y minerales, agua y enzimas. Sus efectos sobre la piel son excelentes al curar úlceras y todo tipo de impurezas. Si hiciéramos una máscara de miel de abejas o mezcláramos yogurt con miel y aplicásemos sobre la piel, el resultado será de un efecto calmante.

La piel posee una propiedad embellecedora al auxiliar al rostro a reafirmar la piel y prevenir arrugas, haciéndola más suave.

A lo largo de los siglos, la miel ha sido considerada siempre un producto especial utilizado por el hombre desde la antigüedad. La evidencia de su utilización por los seres humanos aparece desde la prehistoria, con numerosas referencias en pinturas y manuscritos y pinturas del antiguo Egipto, Grecia y Roma.

El uso de la miel en la alimentación humana no debería limitarse a su característica edulcorante, como excelente sustituto del azúcar, sobre todo porque es un alimento de alta calidad, rico en energía y muchas otras sustancias beneficiosas para equilibrar los procesos biológicos de nuestro organismo.

Aunque la miel es un alimento de alta calidad, sólo su consumo, incluso en grandes cantidades, no es suficiente para satisfacer todas nuestras necesidades nutricionales.

La miel es un líquido viscoso, aromático y dulce obtenido a partir del néctar de las flores por las abejas obreras. Su aroma, paladar, coloración, viscosidad y propiedades medicinales están directamente relacionados con la fuente de néctar que lo originó y también la especie de abeja productora.
El néctar es transportado a la colonia donde sufrirá un cambio en su concentración y composición química; a continuación, se almacena en los alvéolos. Sin embargo, incluso durante su transporte a la colmena, las secreciones de varias glándulas introducen al material original enzimas como la invertasa (a-glucosidasa), la diastasa (amilasa α y ß), la glucosa oxidasa, la catalasa y la fosfatasa.

Composición

Aunque la miel es básicamente una solución saturada de azúcar y agua, sus otros componentes, en combinación con las características de la fuente floral que se originó, proporcionan un alto grado de complejidad.

En términos esquemáticos, se puede resumir en azúcar, agua, enzimas, proteínas, ácidos y minerales. Detrás de esta aparente simplicidad se esconde un complejo de productos orgánicos.

El principal componente de la miel son los azúcares, siendo los monosacáridos de glucosa y fructosa representan un 80% de la cantidad total. Ya los disacáridos de sacarosa y maltosa representan un 10%.

La alta concentración de diferentes tipos de azúcar es responsable de las diversas propiedades físicas de la miel, tales como viscosidad, densidad, higroscopicidad, capacidad de granulación (cristalización) y valores calóricos.

Además de los azúcares, el agua presente en la miel tiene un papel importante en su calidad y características. El contenido de agua en la miel es una de las características más importantes, que afectan directamente a su viscosidad, peso específico, la madurez, la cristalización, sabor y conservación. El contenido de agua de la miel varía de 15% a 21%.

La adición de enzimas al néctar por las abejas causará cambios químicos que aumenten la cantidad de azúcar, que no serían posibles sin esta acción enzimática. La diastasa rompe el almidón, y su papel en la fisiología de abeja no está todavía claramente entendido y puede estar implicado en la digestión del polen. Como la diastasa presenta un alto grado de inestabilidad frente a las altas temperaturas, su presencia es importante o no en un intento por detectar cualquier sobrecalentamiento de la miel comercializada.

En concentraciones mucho menores, se encuentran las proteínas. La proteína de miel tiene dos orígenes, vegetal y animal. Su origen animal es procedente de la propia abeja.

En relación a los ácidos, estos representan apenas el 0,5% de los sólidos siendo principalmente responsables por la excelente estabilidad frente a microorganismos. Se sabe que el ácido glucónico está presente en mayor cantidad, cuya presencia se relaciona con las reacciones enzimáticas que ocurren durante el proceso de maduración.

Los minerales están presentes en una concentración que varía de 0,02% a valores próximos a 1%. Entre los elementos químicos inorgánicos que se encuentran en la miel, se pueden mencionar calcio, cloro, cobre, hierro, manganeso, magnesio, fósforo, boro, potasio, silicio, sodio, azufre, zinc, nitrógeno, yodo, estaño, osmio, aluminio, titanio y plomo.

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