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Los líquenes

Los líquenes
© Jacinta Lluch Valer

Los líquenes se forman por la asociación mutualista entre un hongo (por lo general ascomicetos) y algas (generalmente cianofíceas) o cianobacterias. En esta relación mutua de simbiosis, las algas producen, a través de la fotosíntesis, sustancias orgánicas que son utilizadas por el hongo, mientras el hongo da a las algas protección y un ambiente adecuado para su desarrollo. En la asociación con cianobacterias puede haber aprovechamiento del nitrógeno atmosférico como alimento.

Los líquenes son organismos que se resisten a los cambios de temperatura, al sol fuerte y a la falta de agua, y por eso son seres que habitan las más diversas regiones del planeta. Sin embargo, los líquenes son extremadamente sensibles a la contaminación, siendo considerados excelentes bioindicadores de contaminación. Se puede decir que ellos son organismos pioneros, pues degradan rocas y ayudan en la formación del suelo, creando condiciones para que otros seres vivos también se instalen en el lugar. Como presentan nutrición independiente del sustrato, ellos pueden ser encontrados en rocas, hojas, suelo, troncos y ramas de árboles, barranco, entre otros.

Algunos tipos de líquenes se utilizan como fuente de alimento para ciertos animales (como renos y caribúes); mientras, otros tipos pueden ser utilizados en la fabricación de colorantes, debido a sus colores que van del blanco al negro, a través de tonos de rojo, naranja, marrón, amarillo y verde. Determinados líquenes también se utilizan en la fabricación de bases para la fijación de la producción de fragancias finas y hasta jaleas.

Los líquenes se reproducen asexualmente a través de pequeños fragmentos especiales llamados soredios, que se desprenden, siendo llevados por el viento a lugares distantes.

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