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Las plantas carnívoras

Las plantas carnívoras

Contrariamente a lo que muchos creen, una planta carnívora no se alimentaría de humanos o restos humanos, una vez que la mayoría es de un tamaño relativamente pequeño (aunque algunas especies, como las del género Rafflesia, pueden llegar hasta un metro de altura). Además, el tiempo gastado entre la captura y digestión es considerable (cerca de 12 horas).

El nombre de planta carnívora fue asignado a estas dicotiledóneas pertenecientes al orden Sarraceniales por el propio naturalista Charles Darwin (1809-1882). Estas especies son encontradas en todos los continentes, en los climas más variados.

Estas plantas tienen adaptaciones que permiten atraer a sus presas, atraparlas, matarlas y digerirlas. Aromas dulces, pelos sensibles, colores llamativos, secreción de líquido viscoso que impide la fuga del animal, estructuras espinosas que se cierran en presencia de la presa, hojas resbaladizas, entre otras estrategias, permiten que se alimenten de invertebrados y pequeños mamíferos y anfibios por procesos mecánicos y químicos.

Increíblemente, estas plantas realizan la fotosíntesis como fuente de nutrición. Sin embargo, por ser típicas de suelo pobre en determinados nutrientes – tales como nitrógeno, fósforo y potasio – complementan la alimentación digiriendo tales presas.

La digestión se produce con la ayuda de las enzimas digestivas. Hoy se sabe que estas plantas tienen, además, enzimas que juegan un importante papel bactericida y fungicida – lo que es comprensible si recordamos que el proceso de digestión en estas especies es lento y naturalmente, en caso de que no hubiese tales moléculas, ocurriría una competición entre la planta y estos descomponedores. Así, el complejo de enzimas presentes en esas plantas permite la preservación y digestión del alimento hasta que sea, de hecho, consumido.

Después de la absorción de nutrientes, el exoesqueleto y los materiales no digeridos son eliminados y llevados por el viento o el agua de las lluvias.

Una curiosidad que debe ser puntuada se centra en la especie Venus Atrapamoscas (Dionaea muscipula), cuyas trampas pierden la capacidad de captura después de determinados cierres y pasan a hacer la fotosíntesis. Así, en caso de que las trampas de la especie sean activadas en materiales no comestibles, la fotosíntesis se encarga de contrabalancear el proceso de gasto energético.

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