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La revolución inglesa y la revolución gloriosa

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La revolución inglesa se compone de dos revoluciones que complementan la revolución puritana y la Revolución Gloriosa. Esta crisis comenzó con el auge de los productos exportados a Europa, lo que socava el imperio de la monarquía y el absolutismo.

Debido a que el comerció creció a pasos agigantados, la exportación de los productos de los campesinos forzó a retirarse de sus tierras, y como no tenían a dónde ir, emigraron a las ciudades empezando el trabajo sufrido en las fábricas con malas condiciones de trabajo y bajos salarios. Más tarde surgiría la denominada Revolución Industrial.

La mayor parte de los campesinos que trabajaban en las ciudades crecieron junto a la industria y hubo más propietarios enriquecidos con un poder más grande sobre la economía, superando el poder de la monarquía.

Después de la muerte de la reina Isabel I cambia por su sucesor, Jacobo I. Pero este intento, que tuvo como objetivo recuperar el poder, no tuvo éxito y todo lo que obtuvo fue la oposición de los británicos. Cuando su hijo Carlos I ascendió al trono sólo había empeorado la situación con varios conflictos internos, entre ellos, la principal fue la disputa entre el rey y el Parlamento. En 1629, una reunión parlamentaria de la política religiosa de Carlos I y el aumento de los impuestos habían sido condenados, lo que hizo que el rey rompiera con el Parlamento. A partir de entonces, todas las decisiones adoptadas por el rey eran los motivos de  protestas en Inglaterra. Todo comenzó cuando Carlos trató de imponer el anglicanismo a los puritanos y presbiterianos que se negaron a pagar los impuestos establecidos por el rey.

Carlos I fortaleció la Iglesia Anglicana y pretendía unificar Escocia e Inglaterra a través de un libro de oraciones, que pensaron que el “derecho divino de los Reyes” lo colocaría por encima de cualquier ley. Por su parte, el Parlamento reunió varios ejércitos para impedir que Carlos I para volver al poder absoluto llegando a una Guerra Civil que comenzó en 1642. Al comienzo de las batallas, Carlos I ganó varias contiendas, pero en 1648 el Parlamento superó a las tropas de los monarcas.

En 1649 el rey fue juzgado y condenado por traición a la patria, y luego decapitado. Ese mismo año, Oliver Cromwell, que había dirigido a los soldados que derrotaron a los Reyes, proclamaba la república. Cromwell se había reforzado y dado más poder al ejército al Parlamento; unió Inglaterra, Escocia e Irlanda durante el establecimiento de su dictadura. Cromwell creó una constitución para el Parlamento Europeo, que beneficiaba a Inglaterra y a sí mismo.

Revolución Gloriosa

En 1658, Richard, hijo y heredero de Cromwell asumió el trono, pero al año siguiente renunció al cargo de Lord Protector. Parlamento convocó a Carlos II, quien en 1660 fue restaurado en el trono prometiendo tolerancia religiosa y la amnistía general. Sin embargo, el monarca se consideró subordinado al Parlamento, por lo que decidió tener como aliado a la Iglesia católica y absolutista de Luis XIV de Francia, dejando al Parlamento sospechoso de su actitud y la determinación de que el rey ya no podía intervenir en la política europea sin la aprobación parlamentaria.

El sucesor de Carlos II, su hermano Jaime II, trató de conducir al país al catolicismo, por lo que tuvo que enfrentar una fuerte oposición por parte del Parlamento, que pronto tuvo su acción llamando a Guillermo de Orange, esposo de María (la hija de Jaime II) para asumir el trono Inglés, ya que respetaba las normas parlamentarias. El acuerdo fue aceptado y Guilerme III fue nombrado el rey de Inglaterra en 1689. Después del golpe asestado por el Parlamento Europeo, Jaime II se refugió en Francia. Este episodio fue conocido como la Revolución Gloriosa.

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