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Elvis Presley y la música rock

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Elvis Presley

La riqueza aguardaba a Elvis Presley, nacido en Tupelo, Mississippi, en enero de 1935. Pertenecía a una familia humilde del sur de Estados Unidos (white trash, ‘basura blanca’ para los herederos de los ideales esclavistas de la Confederación Sudista) que se fijó en Memphis en 1948, sin embargo en 1954 ya cantaba y grababa asuntos de Arthur Crudup y Bill Monroe, fluctúando entre el blues, el gospel y el country rural.

Por aquella etapa, el fin de algunas compañías discográficas, ante la declive del country (el año nuevo de 1953 fallecía Hank Williams), consistía en conocer a cantantes que evidenciaran ‘sentimientos blancos’ con fuerza, voces y corazones negros, y Elvis pareció el artista elegido en una etapa en que ya gozaban de relativo crédito solistas como Jerry Lee Lewis, Carl Perkins, Johnny Cash, Roy Orbison y Chuck Berry. Salvo Berry, apoyado por Muddy Waters y una discográfica independiente de Chicago, los demás coincidirían en sus primeros trabajos al grabar en 1955 con el sello Sun Records, y de ahí nació la primera leyenda de los cinco pioneros o, en cualquier caso —en palabras de Jesús Ordovás—, de ‘los cinco grandes autores del rock and roll’. Pero Elvis, gracias a su cooperación en diversos espectáculos intensivos de la ciudad de Nashville-Davidson a comienzos de 1956, de clara significación country, pudo abandonar a su condición de héroe local que goza del interés de una audiencia reducida sin embargo devoto, y con habilidad, apoyándose en su asunto ‘Heartbreak Hotel’, atradicional en el entorno donde lo presenta, deslumbra, hipnotiza a masas de quinceañeras y se alza con un triunfo que le catapulta en cuestión de pocos días al primer puesto de la lista de triunfos de Estados Unidos.

Con ‘Heartbreak Hotel’ estalla el fenómeno de los teenagers (incondicionales jóvenes de edades comprendidas entre los 13 y los 19 años, cifras que en inglés concluyen en teen), que dará el espaldarazo al joven y tímido cantante proveniente de los más bajos estratos sociales, retransformado en nulas semanas en ídolo de numerosos jóvenes que ven personificado en él, hábil vocalista, diletante, bromista de gesticulación violenta y dado a las audacias sensuales en directo, al rebelde blanco que alcanza el innegable anhelo americano: vencer. En 1955 había difunto en accidente automovilístico James Dean, encarnación mítica y cinematográfica de la juventud rebelde y sin causa. Elvis Presley tenía una causa, el rock, y divulgaba inconformismo, ansia de rebelión y juventud.

Estrella del rock

Entre 1955 y 1958 el ascenso de Elvis es imparable: es un mito, un ídolo que rinde buenos réditos; cualquiera de sus canciones, que no se atienen a un estilo único o definido, consigue ventas acaudaladas y gana la religiosidad de millones de personas, dentro y fuera de su país. Las canciones, la histeria colectiva de sus incondicionales en los conciertos y, por lo cual, la comercialidad, le abren las puertas del cine. Películas como El barrio contra mí (1958, de Michael Curtiz) o La estrella de fuego (1960, de Don Siegel) se transforman en un medio privilegiado para gozar del magnetismo espasmódico del que ya comienza a ser denominado el ‘Rey del Rock’, en perproceso no únicamente de Chuck Berry, Bill Haley, Jerry Lee Lewis, Roy Orbison, Cash y Perkins, sino de talentos que se incorporan a los peculiares ritmos exaltados y juveniles de estos años, como Buddy Holly, Gene Vincent, Eddie Cochran, Ritchie Valens, Johnny Burnette, entre muchos otros. Elvis no es sólo una voz ni una aptitud para enloquecer al público mediante sus atrevidos movimientos (se prohibió emitirlos por televisión) y asuntos tan dulces o sinuosos como ‘Love me Tender’, ‘Teddy Bear’, ‘Hound Dog’, ‘Jailhouse Rock’ y ‘King Creole’: es una imagen, el remozado símbolo de la juventud, el carisma de la ‘Gran América’, sin embargo no por ello puede dejar de cumplir con la patria como soldado.

Es en 1958 en el momento en que Elvis se incorpora al ejército, para regresar a su país dos años después y codearse con mitos de otras concepciones e integrarse en la sociedad de las grandes estrellas: Frank Sinatra, Ann Margret, James Brown, Ed Sullivan y montón de personalidades americanas le trataban como a un igual. Desde ese momento se plegará, coincidiendo con un reblandecimiento de las líneas maestras del rock, en una dinámica por la que habrá de rodar tres cintas al año y grabar algunos discos en tanto espacia cada vez más sus representaciones en público. Instalado en su mansión de Memphis, Graceland, dará sus conciertos en Las Vegas.

Habrán de pasar 10 años para que se produzca su reaparición pública, con la grabación de ‘In the Ghetto’, que le regresa a situar en el primer puesto de las listas de triunfos. Paralelamente, en el ámbito del rock se han acontecido fenómenos trascendentales hacia los que el Rey se muestra ajeno, por la comodidad de su situación de héroe popular indiscutido, crooner (cantante melódico-galán) ocasional y nostálgico de las melodías religiosas de su infancia: la aparición de la música de la década de 1960. La aparición de Bob Dylan, The Beatles, Van Morrison, The Who, The Band, The Rolling Stones, The Kinks, Yardbirds, por ejemplo, no evidenciarán su influencia más allá de un reconocimiento de carácter generacional, pues conforme repetida expresión de la etapa, ‘todos habían crecido con Elvis’. Tras brindar su amparo a la dura política internacional de Richard Nixon, presidente de Estados Unidos, y brindarse a colaborar como agente federal en el combate contra el tráfico de drogas en su país —solicitó armas y placa al presidente en persona, tras ser desestimada su propuesta por el FBI— la declive de Elvis Presley fue imparable. Consumido por su adicción a los fármacos y al alcohol, vencido por el insomnio y las depresiones, sucumbió en la madrugada del 16 al 17 de agosto de 1977 en su finca de Graceland.

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