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Arte griego en el periodo clásico final (400 a.C.-323 a.C.)

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Fran GarcíaFran García

Arte periodo clasico grecia

Las obras arquitectónicas disminuyeron en el momento en que Atenas, derrotada en el conflicto bélico del Peloponeso, perdió su supremacía política en el ámbito griego. En las artes plásticas, la nueva y detallada caracterización de las figuras reflejó un interés por el individuo, suceso que ratifican los poetas y filósofos de aquel momento.

1. La arquitectura

A pesar de que los templos se seguían construyendo en orden dórico, desapareció el porche ulterior (opistodomo). El templo de Asclepio en Epidauro (c. 380 a.C.) es un buen ejemplo. Las columnas corintias (el tercer orden arquitectónico griego), una especie de columnas jónicas con hojas de acanto en los capiteles, se emplearon para alzar la columnata interior del tolos o edificio circular de Epidauro, desarrollado por Policleto el Joven. A partir de este momento los teatros, construidos con gradas de madera sobre la ladera una colina, se comenzaron a cimentar en piedra. De este modo, por ejemplo, el teatro de Epidauro (350 a.C.), proyectado igualmente por Policleto el Joven, se construyó sobre un terreno inclinado en torno a una escena circular.

En Asia Menor tuvo lugar un renacimiento del orden jónico. El edificio más impresionante fue el mausoleo de Halicarnaso, la grande sepultura de Mausolo, monarca de Caria (c. 376 a.C.-353 a.C.), que está identificada una de las siete maravillas del mundo antiguo. Elevado sobre un pedestal, se encontraba rodeado por una columnata jónica cubierta por una techumbre piramidal coronada por una cuadriga. Según la tradición, cada uno de sus lados se encontraba decorado con frisos de Escopas y otros tres escultores áticos. Los restos de su estructura se conservan en el Museo Británico de Londres, unido de una estatua colosal de Mausolo.

2. La escultura

La escultura del último clasicismo estuvo regida por Lisipo, Praxiteles y Escopas. El primero esculpió ágiles atletas, como el sin rastro bronce del Apoxiomenos (c. 330 a.C.). Quizás el más excepcional de los tres sea Praxiteles, que trabajó en un estilo delicado y refinado. En su Hermes con Dioniso niño (c. 330 a.C.-320 a.C., Museo Arqueológico de Olimpia) el tronco del árbol en el que se apoya Hermes equilibra compositivamente la voluptuosa curva de la figura. Su Afrodita de Cnidos (350 a.C., copia romana en el Museo Pío-Clementino, Vaticano) aparece cubriéndose con la mano derecha el centro del cuerpo, en un gesto púdico que sirvió de pauta para los desnudos femeninos ulteriores. Su expresión combina la dignidad, el encanto delicado y la frivolidad mundana. Sus párpados inferiores están restablecidos únicamente a través de una talla ligera y la superficie de la figura está esculpida de tal forma que produce un suave juego de luces y sombras.

La escultura del siglo IV a.C. llevó más lejos los logros de Policleto. Lisipo introdujo un nuevo canon que alargaba la longitud del cuerpo en proporción a la cabeza. Adicionalmente, como escultor de la corte de Alejandro Magno, introdujo las imágenes de los mandatarios en el repertorio artístico. Escopas, su contemporáneo, tal y como podemos observar en las figuras que se conservan del templo de Atenea Alea en Tegea (hoy en el Museo Nacional de Atenas), dejó gradualmente la expresión serena de la fase clásico e introdujo en los caras de las figuras una expresión pasional y emotiva.

Se conservan numerosas estatuas en terracota sin esmaltar del siglo IV a.C. Estas piezas proceden básicamente de ajuares funerarios y se conocen como figurillas Tanagra en honor a la ciudad de la región griega de Beocia donde se hallaron por primera ocasión. Muchas de ellas están huecas porque se realizaron con moldes. Están pintadas al temple y rehacen diversos temas, como artistas cómicos, mujeres refinadamente vestidas, enanos y dioses en miniatura.

Las lápidas áticas de los siglos IV y V a.C. arraigaban en una losa ornamentada en relieve, con personajes que difunden la tristeza de la partida. A menudo, las figuras se encontraban envueltas por pilastras coronadas por una cornisa.

3. La pintura

Todos los murales griegos del siglo IV a.C., incluyendo los del gran Apeles, han sin rastro. Pero, su influencia puede observarse en los trampantojos y en los paisajes arquitectónicos pintados sobre los muros de las casas romanas de Pompeya y Herculano en el siglo I d.C.

A partir del 320 a.C. Atenas no exportó más cerámica y sólo se fabricaron algunas vasijas que se otorgaban como trofeo a los atletas de las panateneas. La cerámica de la península Itálica ocupó el lugar de la ateniense en el mercado mediterráneo. Las piezas italianas eran de diferentes tipos, entre los cuales destaca la cerámica de Canosa, ciudad al norte de Italia, que presenta a menudo la sella de su ceramista. Las vasijas de Centuripa (Sicilia) son más liosas y sus escenas están ornamentadas con figuras pintadas que traen a la memoria la técnica actual del pastel. Los cuerpos de estas piezas están decorados con motivos florales y tridimensionales.

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