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Usura

Usura
La usura palabra, en su sentido actual, significa el cobro de intereses exorbitantes. Sin embargo, en la Edad Media e incluso en el siglo XV, se llamaba usura, al cobro de intereses de cualquier clase. La usura era vista como pecado pues afectaba al tiempo del hombre en obtener lucros y que solamente sería permitido a Dios.

La usura era en la Edad Media un impuesto sobre el valor del poder adquisitivo, sin relación con la producción, a menudo sin tener en cuenta las posibilidades de producción. La Iglesia condenaba a los usureros porque ellos ganaban sobre un tiempo que no les correspondía y el fruto de su dinero no provenía de un trabajo sudoroso, porque su ganancia asumía una hipoteca sobre un tiempo que solo pertenece a Dios.

Los mayores practicantes de la usura fueron los judíos y sobre ellos cayeron las mayores penas. El nuevo cristiano debía hacer la mayor actuación del Tribunal de Santo Oficial impidiéndoles poder realizar cualquier tipo de actividad en el grupo. Este grupo trató de dar con alternativas para sobrevivir tratando de comercializar ofreciendo préstamos y cobrando deudas sobre el dinero negociado según el tiempo de duración de los tratos.

Aunque los judíos fueron los principales representantes de esta clase, los cristianos también practicaban la usura, haciendo uso del engaño para saltar su prohibición. El hecho es que muchos católicos practicaron este pecado ganando nuevos adeptos del cristianismo y generando una gran preocupación sobre los lucros y competencia que los judíos representaban.

A través de la ordenanza Melum de 1220, los judíos fueron relegados a tareas limitadas que podrían darse en garantía, es decir, dirigidas a campesinos, artesanos o plebeyos. La práctica de usura quedaba vinculada a determinadas herejías por el Santo Oficio en un claro conflicto de intereses sobre la sociedad cristiana.

Lo que vemos es que existía una preocupación por la Iglesia Católica, para poner los asuntos del pueblo judío a una posición inferior de la acción de los usureros cristianos. Sin embargo, por más que Iglesia y política establecida se esforzaron por redimir la acción judía, nada la impedía para prosperar y, tanto fue así que, en el siglo XIII, Felipe el Hermoso de Francia expulsó a los judíos dejando lamentaciones de quienes se vieron obligados a negociar con usureros cristianos.

Es en este punto cuando la economía en Europa empieza a crecer de manera ilícita para la perspectiva de la Iglesia dado que el usurero obtiene dinero de un tiempo que solamente pertenece a Dios. En el Renacimiento el cambio de óptica permite que el tiempo que era propiedad exclusiva de Dios sea entonces propiedad del hombre.

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