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Soberanía nacional y orden mundial

Soberanía nacional y orden mundial

La soberanía de un país, en líneas generales, se refiere a su autonomía, al poder político y de decisión dentro de su respectivo territorio nacional, principalmente en lo tocante a la defensa de los intereses nacionales. En ese sentido, cabe al Estado nacional (al gobierno propiamente dicho) el derecho de su autodeterminación en nombre de una nación, de un pueblo. Por otro lado, el concepto de Orden Mundial remite a la idea de una organización o jerarquía dada por las relaciones de poder entre actores internacionales, es decir, los propios países o Estados.

De esa forma, ¿cuál es la relación entre los conceptos de soberanía y orden mundial? Se trata de conceptos complementarios en política y relaciones internacionales. Cualquier lectura menos atenta de tales categorías puede llevar a la impresión de una aparente contradicción entre ambas, una vez que la idea de anarquía de soberanías podría presuponer la ausencia del orden (un Orden Mundial propiamente dicho). Conforme a Giovanni Arrighi, el caos sistémico (entre soberanías) demanda un orden, y tal situación favorece la aparición de una hegemonía. El poder hegemónico es dado, en cierto modo, por el consentimiento y la cohesión entre los países y, de esa forma, quien (entre los países) atiende a la demanda creada por el referido caos sistémico será tenido como hegemónico. El proceso de formación de hegemonías fue transformándose a lo largo de los siglos.

Con el desarrollo de las prácticas capitalistas, tenemos una organización de la geopolítica del mundo que sale de la legitimación religiosa, dinástica y política (predominante una sobre la otra), dada por la capacidad técnica, bélica y financiera. Con la complejización de los medios de producción y el desarrollo del capitalismo, hay una nueva estructuración del espació, la cual direccionó el comportamiento de las soberanías por el globo, entre fuertes y débiles, o centro y periferia, consecuencia directa de la división internacional del trabajo y de la producción. Así, lo que legitima el diálogo entre las soberanías (dentro de un orden) es la búsqueda de mecanismos que disminuyan los ‘costes’ de la convivencia mutua, con el discurso (ideológico hasta cierto punto) de la promoción de la paz y del desarrollo, sea para ricos, sea para pobres, hechos que justifica la existencia de discusiones en foros internacionales sobre economía, promoción social y sobre el propio orden mundial.

Las potencias que se destacan poseen un discurso legitimador para su acreedora: son fiables, dan credibilidad y cobran respeto. En líneas generales, el Orden Mundial puede ser considerado pertinente al comportamiento ‘habitual’ de los países. Este hábito es delineado por sus acciones directas e indirectas en cuanto a soberanía y, obviamente, está ligado de forma intrínseca a sus principales características económicas, políticas, físicas (geográficas), ideológicas y religiosas. En otras palabras, los países ocupan posiciones en el sistema internacional conforme a sus características más generales que le confieren mayor o menor destaque. Por supuesto, no todos los países consideran como legítimo el poder de algunas hegemonías, manifestándose contrarios a este poder. Ejemplo de eso estaría en la relación de hostilidad a los Estados Unidos por parte de algunos países como Irán y Venezuela.

A lo largo del siglo XX, lo que se asiste es el fortalecimiento de la hegemonía norteameriacna, principalmente al final de la Guerra Fría (enfrentamiento de los bloques capitalistas y socialistas entre Estados Unidos y la URSS). Ya en el inicio del siglo XXI, en términos de sistema internacional, algunas transformaciones son muy significativas, pues, si por un lado los Estados Unidos todavía poseen el estatuo de mayor potencia mundial, a pesar de los problemas internos en su economía, por otro ya divide espacio en el escenario de la economía internacional con la Unión Europea y los llamados BRICs (Brasil, Rusia, India y China). Es decir, hay señales de que el sistema internacional se vuelve cada vez más complejo, hecho que sugiere una reorganización de las relaciones internacionales.

Claramente, las hegemonías y potencias mundiales poseen estrategias diplomáticas no necesariamente para regular el ‘buen funcionamiento’ del sistema internacional sino para atender a sus intereses en primera instancia, principalmente desde el punto de vista económico Las medidas proteccionistas adoptadas en el momento de la crisis económica (así como los subsidios por parte de los gobiernos para algunos sectores) son representativas de eso, una vez que garantizan mayores ventajas de competitividad para la producción nacional de sus países en el mercado internacional. Como se vio, aunque la enorme crisis económica que se instauró en la economía mundial de 2008 se haya originado en los grandes centros financieros de las principales potencias del mundo, los países considerados en desarrollo también fueron llamados a la discusión de alternativas para alcanzar una salida. En otras palabras, en el plano de las relaciones internacionales, el caos económico causado por pocos tuvo que ser enfrentado por todos, dadas las consecuencias directas o indirectas sobre las economías en todo el mundo. Además de eso, muchas veces la retórica de los discursos de estas potencias no coincide con las prácticas políticas.

Hay un consenso en relación al desarrollo sostenible, pero las posturas en las prácticas son diferentes. Las cuestiones pertinentes al calentamiento global, tan actuales, parecen atender a una agenda presupuesta como internacional, pero que en la práctica está alineada a los intereses de los más fuertes (política y económica) y divide a las responsabilidades (en gran parte ‘suyas’, considerando la relación contaminación/desarrollo industrial) con todos. Así, al reflejarse sobre las relaciones internacionales y sobre los conceptos de soberanía y hegemonía, algunas cuestiones son posibles: ¿hasta qué punto realmente las soberanías son respetadas en la actual coyuntura, una vez que en nombre de la ‘democracia’, de la lucha contra el terrorismo y de los valores occidentales de ‘libertad’, países como Estados Unidos y otras potencias de la Unión Europea se unen para comandar ataques, invasiones y guerras contra otras naciones? ¿El modelo económico liberal difundido en el mundo no aumentaría el nivel de las desigualdades económicas entre los países? ¿Cómo la soberanía nacional de un país dependiente económicamente estaría asegurada en un contexto de globalización de la economía cuando el interés del más fuerte prevalece?

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