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Salario

Salario

En la transición del feudalismo al capitalismo, la producción para los medios de vida, es decir, la producción de medios de subsistencia del trabajador directamente como valores de uso, se incorporó a la producción de bienes en el gran movimiento por la generalización de la mercancía.

Privado de acceso a sus medios de vida a través del proceso de la tierra y su transformación en propiedad, el trabajador debe vender lo único que le queda: su fuerza de trabajo, y por ella recibe un sueldo o salario.

Con el salario del empleado atiende al mercado a comprar sus medios de subsistencia, que juntos forman la cesta de subsistencia. Por tanto, los salarios, junto con el capital, son la relación de producción fundamental y predominante en el capitalismo. El salario es el precio de la cesta de subsistencia del trabajador (alimentación, vivienda, usos de servicios…) que es variable en función a su nivel económico alcanzado. El propósito principal de la fuerza de trabajo en el capitalismo es la aglomeración urbana.

El salario y el lucro capitalista

En nuestra sociedad, la gran mayoría de la población no tiene capital para invertir, ni los medios de producción, o cualquier otra forma que le permita la autonomía, lo que obliga a utilizar su fuerza física, sus capacidades y su inteligencia como formas de obtener un estatus económico. Esta capacidad de trabajo bajo el capitalismo se llama fuerza de trabajo y los trabajadores constantemente se venden en el mercado a cambio de un salario, resultante de su fuerza de trabajo. El salario es la moneda de cambio por una fuerza de trabajo cedida.

Karl Marx, fundador del marxismo, introdujo una contribución fundamental: la diferencia entre el trabajo y mano de obra. El afirmaba que la sociedad estaba convencida de vender al capitalista su trabajo. Se da por supuesto que el trabajador vende su fuerza de trabajo en el mercado a cambio de un salario y qu,e el capitalista, al combinar este trabajo con costes de máquinas y herramientas, obtiene un producto que pertenece a él. Por otra parte, el trabajador recibe el pago de su salario después de trabajar, siendo consciente de todo el trabajo realizado, es decir, por cada hora trabajada.

Marx demostró que en realidad no hay una diferencia fundamental entre lo que el trabajador cree que vende y lo que él realmente vende. Según Marx, lo que el trabajador vende no es directamente su trabajo, sino su fuerza de trabajo, cediendo al capitalista el derecho a servirse de ella. En esta diferencia, entre trabajo y fuerza de trabajo se encuentra el secreto del capital. Porque en realidad el trabajador recibe sólo una parte del trabajo realizado, la fracción que es equivalente a la cantidad de tiempo de trabajo necesario para reproducir su vida, y eso es lo que el salario representa.

Una vez que el capitalista contrata a un trabajador, o la compra de su capacidad para poner en movimiento sus músculos, nervios y cerebro (la fuerza de trabajo), se combina con la maquinaria y las materias primas, la puesta en funcionamiento de un día de trabajo. Con una parte de esta jornada, el obrero reproduce el equivalente de lo que el capitalista gasta en salarios. Pero a medida que vendió su capacidad para trabajar durante un día de completo, es necesario seguir trabajando el resto del tiempo. Estas horas trabajadas en exceso de la cantidad de tiempo necesario para reproducir el equivalente de su salario son apropiadas para el empresario, sin dar nada a cambio. Esta privación de horas es la única fuente de lucro del capitalista.

También es muy común creer que el beneficio se debe a que el capitalista aporta un valor añadido al coste de producción de los bienes. En realidad, sucede que colocando en movimiento la fuerza de trabajo, el capitalista obtiene al final del proceso más de lo que invirtió (cuando el negocio es productivo),siendo positivo para el capitalista y para el empleado. En caso contrario, cuando el beneficio es inferior o equivalente (break-even), la empresa correría el riesgo de quebrarse. El valor adicional que el capitalista obtiene se denomina plusvalía y surge de la diferencia entre lo que cuesta la fuerza laboral capitalista y la fuerza de trabajo que efectivamente produce (su trabajo).

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