¿Cuál es el objeto de estudio de la antropología moderna?

La antropología tal como la conocemos se establece sobre tres polaridades conceptuales que podríamos llamar condicionantes o congénitas: las oposiciones entre Primitivo y Civilizado, Individuo y Sociedad y Naturaleza y Cultura. Virtualmente todos los debates teóricos y distinciones escolásticas importantes del siglo pasado giraron en torno al peso relativo de cada uno de los polos de esas tres dualidades en la definición del objeto propio de la disciplina. En los últimos años del siglo, sin embargo, tales polaridades fueron objeto de una crítica cerrada y entraron en crisis terminal. Hoy, ellas no definen más el horizonte de la disciplina. Con eso, termina una fase histórica de las ciencias humanas.

Más allá de estas dicotomías, la antropología frecuentemente se estableció también sobre una fuerte y obsesiva búsqueda del orden. El análisis social era un intento de encuadrar personalidades en personas, socialidades en sociedades, era integrado. La ley, la estructura, el funcionamiento y la moralidad permitieron a la antropología moderna entender algunos aspectos de la vida social, pero ahora el resultado analítico vinculado a miradas fijadas de modo rígido en conceptos totalizadores y sistematizadores aparece como deficitario. Esa rigidez aparece – cada vez más – como mero reflejo de la moralidad, ley y sistema político occidental, o mejor, como reflejo de un Occidente basado más en el contrato, en el padre, y en la regla, que en la inmanencia de las variaciones y la multiplicidad de la experiencia. Esa nueva mirada, así, no es una propuesta para la antropología de intentar entender ahora a los pueblos o diversas situaciones, como un pastiche inconexo (¿no sería eso el correlato posmodernista occidental del reflejo hecho por la antropología moderna sobre su objeto?). Una nueva mirada, tal vez, es la propuesta de un análisis que no tenga apoyo único y definitivo en el momento de la ley, del orden y del control estatal, social o cultural.

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