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Positivismo clásico y la corriente posibilista

Positivismo clásico y la corriente posibilista

La corriente posibilista, conforme a lo destacado en diversas disciplinas en geografía, surge como respuesta a las presunciones deterministas de Ratzel. El mentor mayor de las ideas posibilistas fue el francés Paul Vidal de La Blache, quien, utilizando conceptos y métodos del positivismo clásico dio cuerpo a su posicionamiento teórico.

El momento histórico experimentado por este geógrafo explica el origen de sus ideas. El desarrollo histórico francés en el siglo XIX, la coyuntura de la Tercera República y el conflicto de intereses con Alemania sirvieron de soporte para la proliferación del Posibilismo Geográfico entre la intelectualidad francesa de la época. Asimismo, las diversas disciplinas científicas (incluyendo la Geografía) tuvieron un papel fundamental durante las etapas de avance, dominio y consolidación de la sociedad francesa, pues a través de la supuesta objetividad y neutralidad, legitimó autoritarias doctrina del orden.

La Geografía tuvo un trato privilegiado en ese proceso de neutralización de la ciencia buscando el mantenimiento ideológico. Después de la Comuna de París y el inicio de la Tercera República francesa, la disciplina geográfica fue colocada en todas las aulas de enseñanza básica, además de ser creadas cátedras e institutos de Geografía. La Guerra Franco-Prusiana había colocado para la clase dominante francesa la necesidad de pensar el espacio, de hacer una geografía que deslegitimase la reflexión geográfica alemana y, al mismo tiempo, proveyera fundamentos para el expansionismo francés. En esa tarea, La Blache realizó intenso diálogo con la obra de Ratzel y propuso las bases de la corriente posibilista, sin embargo, a pensar de entender y visualizar diferentemente el espacio, las bases se fijaron en el Positivismo Lógico. Tal hecho puede ser comprobado por el ideal de neutralidad científica del conocimiento geográfico.

Se sabe, sin embargo, que de alguna manera este conocimiento puede ser dicho neutro, pues de maneras distintas sirvieron a intereses de las clases dominantes, pero solamente el hecho de vehicular que el conocimiento científico debe ser neutro ya se recae en un dominio positivista. Los positivistas clásicos, como Comte y Durkheim, consideran los preconceptos como verdades absolutas, incontestables e indiscutibles, dejando con eso evidente sus preconceptos y prenociones establecidas.

Los fundamentos de Ratzel y La Blache, aunque tendieron a objetivos distintos presentan un factor en común: el fundamento positivista, este principalmente presente por la aceptación de una metodología basada en las ciencias naturales. Vidal propone el método empírico-inductivo por medio de este, solo se formulan juicios a partir de los datos de la observación directa, es decir, solamente es considerado verdad aquello que puede ser comprobado con el uso de los sentidos. La Blache reconoció la participación humana, sin embargo incluso con la influencia de la ciencia histórica, prevaleció el naturalismo en su pensamiento. Ello es nítido cuando se expresa en relación a la población como agrupamiento y nunca como sociedad, prevaleciendo ahí el análisis de las relaciones Hombres X Naturaleza y dejando de lado las relaciones entre los seres humanos (relaciones sociales).

La Geografía Tradicional francesa de La Blache acabó extendiéndose por el mundo y se hizo la Geografía oficial de casi todos los países hasta la década de 1960. La metodología en esa línea de pensamiento pasaba a describir la superficie terrestre en su totalidad, buscando abarcar los aspectos físicos, humanos y económicos, resultando grandes representaciones de áreas.

Con las transformaciones que ocurrieron en la posguerra, el conocimiento geográfico tradicional llegó a ser incapaz de lidiar con la nueva realidad en cuestión. Desde ahí en adelante la descripción por sí misma no tenía importancia, puesto que no existía una utilidad práctica para tal descripción. El espacio ha de ser entendido en su complejidad y no apenas descrito. En ese sentido, la Geografía buscó una nueva identidad dentro del universo de las ciencias naturales, destacándose a partir de entonces dos principales vertientes del conocimiento geográfico, el pragmatismo geográfico y la geografía crítica. En el deseo de escapar de los amarres del positivismo clásico, el conocimiento geográfico comenzó a recorrer diferentes caminos destacándose, después de 1970, el neokantismo, el neopositivismo, la fenomenología y el materialismo histórico.

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