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Política de Pan y Circo

Politica de Pan y Circo

La política de Pan y circo (Panem et circenses, en el original latino), como se dio a conocer, fue la forma en que los líderes romanos se referían a la población en general, para mantenerlos fieles al orden establecido y obtener su apoyo.

Esta frase se origina en la Sátira X del poeta romano y humorista Juvenal (vivo alrededor del año 100 d.C.) y en su contexto original, criticó la falta de información del pueblo romano, que no tenían ningún interés en los asuntos políticos y sólo se preocupaba con comida y diversión.

Con su expansión gradual, el Imperio Romano se convirtió en un estado cosmopolita rico, y su capital, Roma se volvió el centro de prácticamente todos los acontecimientos sociales, políticos y culturales en el momento de su apogeo. Esto ha ampliado de forma natural la ciudad, con gente proveniente de diferentes regiones en busca de una vida mejor. Como hoy en día en cualquier parte del mundo, las personas humildes y condiciones financieras bajas se afincaron a las afueras de la ciudad, en comodidades mínimas y espacios reducidos, con poco o nada de saneamiento y trabajos manuales poco gratificantes.

Estos ingredientes, en cualquier sociedad son perfectos para detonar grandes convulsiones sociales. Para evitar esto, los emperadores eligieron una solución provisional, que implica la distribución de cereales, y la promoción de diversos eventos para entretener y distraer a la gente de los problemas más graves en los cimientos de la sociedad romana.

Por lo tanto, en tiempos de crisis, especialmente en los días del Imperio, las autoridades calmaron a la gente a construyendo arenas enormes donde se celebraron en los espectáculos sangrientos que envolvían gladiadores, animales salvajes, carreras de cuadrigas, acrobacias, bandas, espectáculos con payasos, artistas de teatro y carreras de caballos.

Otra costumbre de los emperadores fue la distribución de cereales mensualmente en el Pórtico de Minucio. Básicamente, estos regalos al pueblo romano garantizaron que la plebe no muriese de hambre y tampoco de aburrimiento. La ventaja de tal práctica era que, al mismo tiempo que la población quedaba contenta y apaciguada, la popularidad del emperador entre los más humildes quedaba consolidada.

Para las actuaciones eran reservados como día festivo aproximadamente 182 días al año (para cada día útil había uno o dos días de celebración). Los espectáculos que fueron desarrollándose en cada uno de esos días tenían su origen en la religión. Los romanos nunca abandonaron el cumplimiento de las solemnidades, aunque poco a poco dejaron de tener un carácter sagrado y pasaron a saciar solamente placeres de sus asistentes.

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