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Persecución de cristianos

Persecucion de los cristianos

La persecución de los cristianos es el nombre dado al abuso físico o psicológico, incluyendo agresiones y muertes sufridas por cristianos a causa de su fe en la predicación de Jesús. Estas persecuciones se llevaron a cabo en los tiempos antiguos no sólo por los judíos, de cuya religión el cristianismo fue visto como una ramificación, sino también por los emperadores del Imperio Romano, que controlaban gran parte de la tierra en la que el cristianismo primitivo fue distribuido, y donde se consideró una secta. Esta persecución de los emperadores terminó con la legalización del cristianismo por Constantino I en el siglo IV.

En los últimos siglos, los cristianos fueron perseguidos por otros grupos religiosos, incluyendo musulmanes e hinduistas, y por Estados ateístas como la Unión Soviética y la República Popular de China.

La persecución de los cristianos ha estado ocurriendo en decenas de países como Irán, Uzbekistán, Corea del Norte, Maldivas, Cuba y Eritrea, principalmente por los fundamentalistas islámicos.

Persecuciones narradas en el Nuevo Testamento

De acuerdo con el Nuevo Testamento, la crucifixión de Jesús fue autorizada por autoridades romanas y ejecutada por los soldados romanos. También está el registro de Pablo en sus viajes misioneros señalando su arresto en varias ocasiones por las autoridades romanas. El texto del Nuevo Testamento no reporta lo que le sucedió a Pablo, pero la tradición cristiana dice que fue decapitado en Roma bajo el emperador Nerón en el año 54.

Persecución judaica

El Nuevo Testamento indica que los cristianos primitivos sufrieron persecución en las manos de los líderes judíos de su época, comenzando con Jesucristo.

Los primeros cristianos nacieron y se desarrollaron en el judaísmo, en la medida en que el cristianismo comenzó como una secta del judaísmo. La primera persecución judía de los cristianos debe entenderse, entonces, como un conflicto sectario a causa de la heterodoxia. Varias otras sectas judías de la época, sin embargo, como los esenios, fueron tan heterodoxas como la secta cristiana.

De acuerdo con los textos del Nuevo Testamento, la persecución de los seguidores de Jesús continuó después de su muerte. El primer mártir del cristianismo fue Esteban. Los apóstoles Pedro y Juan fueron arrestados por los líderes judíos, incluyendo al sumo sacerdote Anás, que más tarde los liberaría. En otra ocasión, todos los apóstoles fueron arrestados por el sumo sacerdote y otros saduceos, pero de acuerdo a la historia del Nuevo Testamento, habrían sido liberados por un ángel. Después de escapar, los apóstoles fueron capturados de nuevo por el Sanedrín, pero esta vez, Gamaliel – un fariseo bien conocido en la literatura rabínica – convenció al Consejo para liberarlos.

Persecución bajo el Imperio Romano

El primer caso documentado de la persecución de los cristianos en el Imperio Romano nos lleva hasta Nerón. En el 64 d.C., se produjo el gran incendio de Roma, destruyendo gran parte de la ciudad y económicamente devastó a toda la población romana. Nerón, cuyo estado de salud hacía tiempo que había sido puesta en duda, era sospechoso de haber provocado el fuego intencionadamente.

Mediante la vinculación de los cristianos al terrible incendio, Nerón intensificó aún más la sospecha pública ya existente y, puede decirse, incrementó la hostilidad contra ellos en todo el Imperio Romano. Las formas de ejecución utilizado por los romanos incluyeron la crucifixión y la liberación de los cristianos a ser devorados por los leones y otras fieras. Cabe mencionar que pese a la creencia de que Nerón tuviera implicación en el incendio, estudios más recientes demuestran que el emperador se mantuvo en una localización considerablemente distante durante el momento del incendio dudándose sobre la legitimidad real de las acusaciones.

En sus Anales, Tácito dice: «Una gran multitud fue condenada no apenas por el crimen del incendio sino por el odio contra la raza humana. Y, en sus muertes, ellos fueron objetos de deporte, pues eran amarrados en escondrijos de bestias salvajes y atacados por perros o clavados en cruces, o incendiados, y, al final del día, eran quemados para servir de luz nocturna».

Persecución hasta el inicio del siglo IV

A mediados del siglo II, no era difícil encontrar grupos que tratasen de apedrear a los cristianos, incentivados, a menudo, por sectas rivales. La persecución en Lyon fue precedida por una turba violenta contra los hogares cristianos.

Las persecuciones estatales fueron incesantes hasta el siglo III, a pesar de la Apologeticum de Tertuliano (197) escrito supuestamente en defensa de los cristianos perseguidos y dirigida a los gobernantes romanos.

El primer proceso que involucra a todo el territorio imperial sucedió bajo el gobierno de Maximino, a pesar del hecho de que sólo el clero fuera objeto de persecuciones. Fue sólo bajo Decio, en la segunda mitad del siglo II, cuando se produjo la persecución generalizada –tanto a clérigos como

Persecución bajo Diocleciano

El punto culminante de la persecución se llevó a cabo bajo el imperio de Diocleciano y Galerio, en el final del siglo III y comienzos del siglo IV. Se considera la más grande de todas las persecuciones. A partir de una serie de cuatro decretos que prohíben ciertas prácticas cristianas y una detención del clero, la persecución se intensificó hasta que todos los cristianos del Imperio fueran objeto de sacrificio a los dioses imperiales bajo pena la ejecución si se negaban. Sin embargo, a pesar del entusiasmo con el que Diocleciano persiguió a los cristianos en la parte oriental del Imperio, los emperadores de la zona oeste no siguieron estrictamente sus edictos, lo que explica por qué los cristianos de la Galia, de Hispania y de Bretaña prácticamente no se molestaron.

Legalización del cristianismo

En el siglo IV el emperador Geta en 210 envió perseguir a los cristianos, con la misión de torturarlos y castigarlos con la muerte.

La persecución continuó hasta que Constantino llegó al poder y, en el 313 se legalizaba la religión cristiana a través del Edicto de Milán, iniciando la paz en la Iglesia. Sin embargo, no fue hasta Teodosio I, a finales del siglo IV, que el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio.

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