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Leishmaniasis visceral y malaria

Leishmaniasis visceral y malaria

Anopheles gambiae © CDC/James Gathany

Leishmaniasis visceral (kala azar): es causada por el protozoo Leishmania donovani o Leishmania donovani. Se transmite por la picadura del mosquito flebotomo Lutzomyia longipalpis. Estos seres poseen hábito crepuscular y suelen vivir en ambientes oscuros, húmedos y con acumulación de material orgánico. Fiebre, cansancio, anemia e inflamación en el bazo, médula ósea, riñones, hígado e intestinos son algunos síntomas causados por este parásito. Tales lesiones pueden llevar al individuo afectado (ser humano o perro) a la muerte.

Malaria: causada por individuos del género Plasmodium, se transmite por la picadura de la hembra del mosquito Anopheles, de apenas un centímetro de tamaño. Por la corriente sanguínea, el parásito llega al hígado y bazo, reproduciéndose asexualmente. Estas nuevas formas, denominadas merozoitos (etapa del ciclo de vida del parásito), invaden los eritrocitos o glóbulos rojos, por allí crecen y a continuación vuelven a reproducirse. Debido a estos dos factores, los glóbulos rojos se rompen, provocando episodios de fiebre y también anemia, cansancio, desánimo y falta de aire. El cuadro febril se manifiesta en intervalos de tiempo específicos, dependiendo del parásito responsable por la infección. Cuando es el Plasmodium falciparum, los intervalos varían entre 36 y 48 horas. En el caso del Plasmodium vivax, ese tiempo corresponde a 48 horas. Ya con el Plasmodium malarie, los brotes febriles se manifiestan de 72 en 72 horas. El primer protozoo citado puede causar anemias graves y también comprometer el cerebro. En muchos casos, es necesario que el paciente reciba transfusiones de sangre. Evitar el mosquito es la mejor manera de protegerse contra la malaria.

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