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La indisciplina escolar

Indisciplina escolar

Hace medio siglo la indisciplina en las aulas era prácticamente inexistente. Las escuelas del pasado siguieron un sistema tradicional y rígido, exigiendo de los alumnos un comportamiento estricto. En esta situación, cuando sucedían manifestaciones de indisciplina, los castigos, a menudo físicos y humillantes, eran aplicados sin privaciones.

Sugerencias

Desde ese periodo hasta hoy, mucho ha cambiado el sistema educativo y la escuela ya no adopta una postura represiva y violenta. Estamos en una época de valorización, tolerancia, democracia, ciudadanía y respeto. Cabe a la escuela preservar este modelo dentro de su proyecto pedagógico. Entonces, ¿cómo acabar o disminuir la indisciplina en las aulas objetivando mejorar las condiciones de aprendizaje del alumnado?

En primer lugar, el maestro debe identificar las razones de indisciplina. Observar a los estudiantes y establecer un diálogo puede ayudar enormemente en este sentido. Ocurre a menudo, la indisciplina motivada por no entender el contenido de la materia o encontrar las clases aburridas o repetitivas. En esos casos, el docente puede orientar sus lecciones hacia un tono más lúdico, estimulante e interactivo, adoptando diversas estrategias, tales como la planificación de días de actividades escolares que integren el ocio con la educación. Esta actitud suele generar buenos resultados y conciliar el aprecio por parte del alumnado.

En otras situaciones, la indisciplina se produce desde una situación de confrontación entre estudiantes y profesor. Así, el profesor debe hablar y escuchar a los estudiantes. Cabe al maestro modificar el clima de conflicto y resolver la situación, asumiendo el control de la situación.

Otra buena sugerencia es crear unas normas comunes para el funcionamiento de la escuela. El profesor puede hacer eso con la ayuda de los propios estudiantes. Dentro de estas reglas pueden incluir levantar su mano para realizar una pregunta, guardar silencio durante momentos de explicación, hablar en un tono adecuado, entre otros.

En este sentido, pongamos un ejemplo práctico que puede ser discutido en las aulas. Teniendo en consideración que los estudiantes usan palabras insultantes o malsonantes hacia compañeros o para dirigirse al propio profesor se puede preparar una hucha colectiva donde cada alumno contribuye económicamente con una cantidad simbólica cada vez que comete una falta verbal. Para hacerlo justo, la cuantía total recogida durante todo el año servirá para realiza algún evento grupal de la clase como, por ejemplo, alguna actividad extraescolar a finales de año.

Con estas y otras actitudes, el profesor ganará el respeto de sus alumnos. Este respeto es una puerta abierta para que, a través del diálogo con los estudiantes, se busquen las soluciones adecuadas para mejorar las condiciones de la escuela y de la integración del alumnado con las actitudes deseadas.

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