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La Cruzada

La Cruzada

Desde 1096 a 1270, las expediciones se formaron bajo el mando de la Iglesia, con el fin de recuperar Jerusalén (que estaba bajo el dominio de los turcos selyúcidas) y reunir al mundo cristiano, dividiendo el Cisma de Oriente.

La Europa del siglo XI prosperó. Con el final de las invasiones bárbaras, se inició un período de estabilidad y crecimiento del comercio. En el mundo feudal, apenas el primogénito heredaba los feudos, lo que resultó en muchos hombres para poca tierra. Los hombres sin posesiones se embarcaron hacia la criminalidad, robando, saqueando y secuestrando. Era necesario cambiar la situación.

Como se ha indicado anteriormente, el mundo cristiano se dividió. Por no concordar con algunos dogmas de la Iglesia Romana (adoración a santos, cobro de indulgencias…) los católicos de Oriente fundaron la Iglesia Ortodoxa. Jerusalén, la Tierra Santa, pertenecía al dominio árabe y hasta el siglo XI permitieron las peregrinaciones cristianas. Fue al final del siglo XI cuando los pueblos de Asia Central, los turcos selyúcidas, tomaron Jerusalén. Convertidos al islamismo, los selyúcidas eran bastante intolerantes y prohibieron el acceso de los cristianos a Jerusalén.

En 1095, el Papa Urbano II convocó expediciones con el fin de recuperar la Tierra Santa. Los Cruzados (como fueron conocidos los expedidores) recibieron el título por portar una gran cruz, principal símbolo del cristianismo, estampada en las vestimentas. A cambio de su participación, ganarían el perdón de sus pecados.

La Iglesia no fue el único interesado en el éxito de estas expediciones: la nobleza feudal tenía un interés en la conquista de nuevos territorios, ciudades mercantiles como Venecia y Génova deslumbraban con la posibilidad de ampliar sus negocios hasta Oriente y los europeos estaban interesados en las especias orientales, por su alto valor, como la nuez moscada y la canela. Movidos por la fe y la ambición, entre los siglos XI y XIII, se establecieron en Oriente ocho Cruzadas.

La primera (1096-1099) no tuvo la participación de ningún rey. Formado por los caballeros de la nobleza, en julio de 1099, tomaron Jerusalén. La segunda (1147-1149) fracasó debido a desacuerdos entre sus dirigentes Luis VII, de Francia, y Conrado III, del Sacro Imperio Romano. En 1189, Jerusalén fue tomada por el sultán musulmán Saladino. La tercera (1189-1192), conocida como Cruzada de los Reyes, contó con la participación del rey inglés Ricardo Corazón de León, del rey francés Felipe II de Francia y del rey Federico I Barbarroja, el Sacro Imperio Romano Germánico. En esta cruzada, se firmó un acuerdo de paz entre Ricardo y Saladino, lo que permite a los cristianos hacer peregrinaciones a Jerusalén. La cuarta (1202-1204) fue financiada por los venecianos interesados en las relaciones comerciales. La quinta (1217-1221), dirigida por Juan de Brienne, fracasó al quedar aislada por las inundaciones del río Nilo, en Egipto. La sexta (1228-1229) se caracterizó por haber retomado Jerusalén, Belén y Nazaret, ciudades invadidas por los turcos. La séptima (1248 – 1250) fue controlada por el rey francés Luis IX pero una vez más fue retomada por los turcos. La octava (1270) y última cruzada fue un fracaso rotundo. Los cristianos no crearon raíces entre la población local y sucumbieron.

Las cruzadas no lograron sus objetivos principales, pero tuvo otras consecuencias como el debilitamiento de la aristocracia feudal, el fortalecimiento del poder real, la expansión del mercado y el enriquecimiento de Oriente.

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