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Kant: estética kantiana

immanuel-kantLa estética kantiana se piensa no como una dimensión objetiva del mundo, sino como una dimensión mental, subjetiva. Esto significa que el debate de la estética se enfrenta a condiciones de receptibilidad al placer de la materia, también llamada de estado mental o de conocimiento en general.

Conocimiento en general, ya que, aunque en su Estética Transcendental (Crítica de la razón pura), que determina las formas de receptibilidad de las sensaciones (espacio y tiempo), esa se refería solamente a un conocimiento concreto y particular, relacionado de ese modo con el sujeto y afectado subjetivamente. Así, no puede agotar el problema del placer (sentimiento) que acompaña a la intuición.

Este placer, para Kant, no tiene nada que ver con el conocimiento de esa facultad (de conocer) los estados y por lo tanto fue tratado por separado. Este placer se refiere al sujeto, a su sensibilidad o receptibilidad para probarlo y se expresa en el predicado Belleza. Por ejemplo, observando el cielo estrellado sobre nosotros, sentimos que el objetivo (ver algo), estudió en la facultad de conocimiento (ciencia) y también tienen una sensación de placer (subjetiva) para ver la belleza del cielo (la meta), contemplando su armonía, su orden, como si fuera hecho por Dios, la naturaleza del artista, estudiada en la facultad de juzgar estética.

Sin embargo, a partir de los datos empíricos, esta sensación es desinteresada del objeto (es decir, no se refiere a él, sino al sentimiento del sujeto vinculado a esa experiencia), en un intento de contemplación pura (esto porque Kant es el filósofo de la posibilidad y postula tal concepción), de placer puro. Y Kant más allá: presupone que tal estado mental se relaciona con la comunicabilidad, pretendiendo el carácter de universalidad. Si los hombres se colocaran en un mismo estado de receptibilidad (es decir, en el lugar del otro), sentirán el mismo placer. Sin embargo, en una universalidad subjetiva, porque no hay una intuición aplicada a un concepto.

Se percibe, de esta manera, la construcción del sistema kantiano de una unidad de la razón, unidad armónica, pues la facultad de juzgar estética proporciona principios a priori para las facultades de conocer y de apetecer, manteniéndose como ordenadora de la contradicción de esas dos facultades (el famoso libro juego de las facultades). El libre juego entre las facultades, por sí mismo, es placentero, esto es, el sentimiento informa la armonía y el equilibrio entre esas funciones cognitivas y eso puede ser presupuesto en todos los hombres.

Por lo tanto, según Kant, el gusto es universal, y el hombre (ser entre el animal y Dios) debe, a través de la educación de los instintos, hacer florecer su receptibilidad al verdadero placer, intelectual, entendido como el saber y la acción cada vez más universales. Florecer los sentimientos significa el florecimiento de la razón y, por tanto, del propio hombre.

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