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Index Librorum Prohibitorum

Index Librorum Prohibitorum

El Index Librorum Prohibitorum, en traducción libre el Índice de los Libros Prohibidos, fue una lista de publicaciones literarias que eran prohibidas por la Iglesia Católica, además de constituir una serie de criterios específicos para que un libro entrase en la lista. La primera versión del Índice fue promulgada por el Papa Pablo IV –un hombre considerado conservador y restrictivo –en 1559. Posteriormente, una versión revisada del Índice fue autorizada por el Concilio de Trento. La última edición del Índice se publicó en 1948. La 32ª edición publicada en 1948 incluía 4.000 títulos censurados.

El Index Librorum Prohibitorum fue abolido por la Iglesia Católica en 1966 por el Papa Pablo VI. En esa lista estaban los libros que iban en contra de los dogmas de la Iglesia y considerados de contenido inapropiado.

Historia

El Index Librorum Prohibitorum es una lista de publicaciones prohibidas que fueron consideradas heréticas por la Iglesia Católica Romana en en el Concilio de Trento. En su último año de pontífice, el Papa Pablo IV (1555-1559) instituyó oficialmente en la Sagrada Congregación de la Inquisición la censura de las publicaciones. No hay sorpresa alguna en relación a la censura, visto que la Iglesia siempre persiguió cualquier línea de pensamiento divergente desde el inicio del cristianismo. Lo que realmente sorprende es la lista de nombres mencionados en este Índice. Obras como el Lazarillo de Tormes (Anónimo), Historia de la decadencia y caída del Imperio romano de Edward Gibbon (1873) y Los miserables y Nuestra Señora de París de Victor Hugo (1834-1869) fueron incluidos en la lista, entre otros muchos.

Los Índices eran reglas aceptadas como una guía para el Censor Oficial que juzgaba si la obra tenía elementos fuera de los criterios de la Iglesia Católica, como las manifestaciones de deficiencia moral, sexualidad explícita, incorrección política, superstición, pasiones carnales, herejías, filosofías existencialistas, entre otros paradigmas. Cualquier obra o autor que usara esos elementos era automáticamente prohibido, es decir, su autor era un candidato en la lista negra, teniendo su obra prohibida y quemada y si el autor siguiera vivo sería condenado y perseguido.

Obispos e inquisidores poseían todo un poder para inspeccionar las obras imprimidas y supervisar las librerías. La situación fue tan extrema que, en 1558, fue introducida la pena de muerte para quien importase libros extranjeros.

Existía también la opción de que el autor rehiciera su obra omitiendo algunos o todos los hechos de acuerdo a los ideales de la Santa Iglesia. Era decisivamente prohibido cualquier libro sin la revisión o autorización oficial del Papa. Hasta en 1910, el Papa Pío X emitió dos cartas seculares vetando cualquier estudio que tuviese la pretensión de examinar los orígenes y la historia del cristianismo.

Así, la Iglesia ora una metafísica religiosa verdadera, es decir, una interpretación de la historia desde ese punto de vista religioso en particular. No por casualidad, la Edad Media fue conocida como Edad de las tinieblas u obscurantismo durante mucho tiempo porque el ser humano quedaba viviendo entre sombras e ignorancia. En aquella época, las personas alcanzaban a ver lo que querían que se viera, o lo que les hacía sentir bien a los ojos, una fantasía sin defectos que devenía en una historia subjetivada.

En 1907, la Santa Inquisición emitió un decreto atacando a los modernistas por cuestionar la doctrina religiosa, la veracidad de los textos bíblicos y el cuestionamiento de la autoridad papal; el proceso fue costoso para los modernistas, pues en septiembre del mismo año la Iglesia declaró a esas personas herejes y cualquier movimiento fue oficialmente declarado clandestino.

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