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Empirismo

empirismo
El empirismo es una respuesta posible desde el origen del conocimiento. El empirismo afirma que el conocimiento surge exclusivamente de la experiencia y así va a desvalorizar la razón. El empirismo dice que el hombre nace del conocimiento está vacío, que no sabe nada.

El empirismo niega las ideas innatas. El principio del empirismo son las impresiones. Seguidamente se unen todas las impresiones y se forma una impresión compleja.

Hume encuentra en un lugar que el hombre tiene por un lado las impresiones y, por otro, las ideas. La impresión es, según Hume, la sensación inmediata en contacto con la realidad exterior (ambiente). Las ideas son, según Hume, entender el recuerdo de esa sensación.

Podemos decir que la impresión es sensible y es original y la idea o recuerdo es una copia pálida. Hume da valor a Descartes sobre la importancia de hacer un razonamiento partiendo de los cimientos, la base de todas las cosas.
El tema central del empirismo es que no hay nada en nuestra mente que no haya pasado antes por los sentidos.

Para Hume cualquier idea se originó en una impresión y debe ser capaz de relacionarse con la información correspondiente.

Según Hume, nuestra razón es capaz de unir las ideas de diferentes impresiones y construir con ello una idea compleja de algo que no existe. La creatividad sería unir varias impresiones para ‘crear’ algo nuevo. Así Hume analiza las ideas complejas para: 1) determinar las ideas simples que las componen; 2) Comprobar que estas ideas simples tienen una impresión que le corresponde; 3) Decidir si son ideas falsas de cosas que no existen en la realidad por no tener una impresión correspondiente (ejemplo: la fe no es constatable en el ambiente).

Hume no era católico, era un agnóstico. Un agnóstico es una persona que no sabe si Dios existe. Pero incluso Hume no rechazó la fe en Cristo y la creencia en los milagros. Pero en ambos casos es precisamente una cuestión de la fe en lugar de la razón. Hume señala que los hombres tienen una fuerte necesidad de creer en lo que ahora llamaríamos fenómenos sobrenaturales. Hume negó milagros simplemente porque no había visto nunca uno.

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