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Dionisio

Dionisio

Dionisio es el dios griego equivalente al dios romano Baco. Es señalado como dios del vino, de las fiestas, del ocio, del placer, del pan y más ampliamente de la vegetación, siendo uno de los más importantes entre los griegos clásicos y el único dios hijo de una mortal.

Su culto debe haber venido de Tracia, Lidia o Frigia a Grecia en torno al siglo VIII antes de Cristo y donde inicialmente con su forma de toro, a menudo liderada a las ménades, sátiros, ninfas y otras figuras del bosque. Ellos bailaban, descuartizaban animales y comían sus carnes crudas en un ritual que originalmente no guardaba relación con el vino.

Otro animal cuya forma era asumida por él era un cabrito. Eso porque para salvarlo del odio de Hera, su padre, Zeus, lo transformó en ese animal y cuando los dioses huyeron para Egipto para escapar de la furia de Tifón, fue transformado en una cabra. Así, sus adoradores cortaban en pedazos una cabra viva y lo devoraban crudo, creyendo estar comiendo la carne y bebiendo la sangre del dios, se estableció inicialmente con muchas restricciones, principalmente de la aristocracia.

Dionisio era hijo de Zeus y de la princesa Sémele, hija del rey Cadmo y Harmonía. Descubriendo una nueva traición de Zeus, su celosa esposa Hera se disfrazó de Beroe y convenció a Sémele de que ella debía pedir una prueba de que su amante era realmente Zeus. Ella se dirigió al amante y él prometió que cualquier cosa que ella pidiese sería atendida. Sin embargo ella, como mortal, selló su destino cuando pidió a su amante que, en caso de que fuese el verdadero Zeus, que fuese con ella vestido en todo su esplendor, tal como andaría en el Olimpo.

Como era un juramento divino, Zeus se lanzó a lo alto, juntó todas las nieblas obedientes y las nubes de tempestad, relámpagos, vientos y truenos, y el cuerpo mortal de Sémele no fue capaz de soportar toda aquella carga de energía celestial y ella fue quemada hasta las cenizas.

Su bebé, aún incompleto, salió fuera del vientre de su madre, y se alojó a sí mismo en el muslo de su padre Zeus, hasta que completase su gestación y después el padre envió al bebe para ser creado por la pareja Ino, su tía, y Atamas.

Sin embargo, Hera descubrió que el bebé nació y que estaba siendo escondido de ella y, indignada, llevó a Atamas a la locura. Atamas cazó a su propio hijo, Leacus, como si fuese un venado, matándolo, e Ino, para librarse de su otro hijo, Melicertes, de la locura del padre, lo tiró al mar, donde fue transformado en el dios del mar Palaemon, en homenaje a quien Sísifo instituyó los juegos del Istmo. Finalmente, Zeus eludió a Hera transformándolo en un cabrito, y Hermes se lo llevó para ser criado por las ninfas de Nisa, en Asia, transformándolas posteriormente en estrellas conocidas como Híades.

Cuando Dionisio creció descubrió la vid y también la forma de extraer de la fruta su jugo y transformarlo en vino y pasó a enseñar la cultura de la uva. Él fue el primero en plantar y cultivar las vides, la poda de las ramas y la fabricación de la bebida y así las personas llegaron a adorar a Dionisio como dios del vino. Enseñando su arte, el dios vagó por Asia hasta la India, llegó hasta Cibela, en Frigia, donde la diosa Rea, madre de los dioses, lo purificó y enseñó los ritos de iniciación y, entonces, se dirigió a Tracia. A su regreso a Grecia castigó a quien se interpuso en su camino y triunfó sobre sus enemigos además de salvar de los peligros que Hera estaba siempre colocando en su camino. Más tarde él rescató a la madre Sémele y la llevó al Olimpo, donde Zeus la transformó en diosa.

En las leyendas romanas, se convirtió en Baco, que se transformaba en un león para luchar y devorar los gigantes que escalaban el cielo. Después fue considerado por Zeus como el más poderoso de los dioses. Más tarde su culto fue tan difundido que vino a ser homenajeado en un momento histórico particular, incluso en Delfos, el santuario jefe de Apolo. En los festivales realizados en su homenaje, que eran básicamente fiestas de la primavera y del vino, también fueron añadidas actuaciones dramáticas, especialmente en Atenas, de forma que su culto puede ser visto asociado al género dramático. En general es representado bajo la forma de un joven imberbe, sonriente y festivo, de larga cabellera rubia y fluctuante, teniendo, en una de las manos, un pedazo de uvas o una taza, y, en la otra, un dardo decorado con vegetación y cintas.

También aparece con el cuerpo cubierto con una capa de piel de león o leopardo, con una corona de zarcillos sobre la cabeza y dirigiendo un carro empujado por leones. Sus seguidoras embriagadas eran llamadas bacantes y es considerado por tanto el dios patrón del teatro.

En su honor se promovían fiestas dionisiacas y ditirambos, que en los orígenes del teatro griego eran una especie de canto coral constituido de una parte narrativa, recitada por el cantante principal, o corifeo, y de otra propiamente coral, ejecutada por personajes vestidos de faunos y sátiros, considerados compañeros de ese dios.

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