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Cómo lidiar con los berrinches infantiles

comportamiento infantil
Quien tiene niños en edades comprendidas entre 1 y 3 años ya comenzó a lidiar con los berrinches infantiles que transforman al padre más sereno en un adulto en un estado absoluto de nerviosismo. De hecho, los niños a esta edad son expertos en este tipo de provocaciones, hasta que rápidamente perciben que, con estos ataques de mal genio, consiguen de nosotros la atención que quieren a cada momento.

Las rabietas son uno más de los comportamientos que forman parte del proceso de desarrollo de cada niño. Antes de la edad de 2 años, los niños comienzan a desarrollar un sentimiento de sí mismos, a experimentar la importancia de hacerse independientes y de tener algún control sobre el medio y las personas que la rodean. A nivel del temperamento, cada niño tiene también sus características específicas, habiendo, por eso, niños con más predisposición a las pataletas que otros.

Comportamientos tales como llorar, gritar, patear, tirarse al suelo, es a menudo la forma en que el niño es expresar su cansancio, estrés, frustración, incomodidad o simplemente la necesidad de tenernos cerca. Los niños son muy sensibles a acontecimiento de la vida que, por muy insignificantes que sean a nuestros ojos y a nuestro sentir, pueden ser la causa de una gran frustración y tristeza a la sensibilidad de un niño. Importa, pues, que estemos atentos y analicemos la situación para percibir el origen del enfado. Si el niño está triste o decepcionado con algo, más que ser castigado, necesita de sentirse bien y de nosotros escuchar decir que comprendemos su tristeza.

Los refunfuños no tienen que ser vistas como mala conducta y pueden incluso convertirse en grandes momentos de la educación. Para salir de la situación embarazosa en que nos vimos envueltos ante los berrinches de nuestros niños, intenta algunos de estos trucos que pueden ayudar a controlar la situación:

  • Respirar hondo y mantener la calma, así se puede pensar claramente.
  • Antes de exigir al niño a comportarse de cierta manera, debemos enseñarle y explicarle el tipo de comportamiento que se espera de ella. Un juego sólo puede ser jugado si previamente todos los jugadores saben e integran las reglas. Enseñar conductas positivas o deseadas a un niño requiere tiempo y paciencia. Cuando el niño presente las conductas correctas debe ser elogiado.
  • Explique al niño que existen situaciones en las que no se hace lo que nos apetece. Hay momentos en que tenemos que dar la negativa e imponer nuestra autoridad como padres. Pero mostrémonos satisfechos cuando el niño exhiba comportamientos positivos.
  • Si el niño tiene un comportamiento de rabieta puede elegir hacer caso omiso y seguir haciendo lo que estaba haciendo sin prestar gran atención. No deje a su niño desatendido si es pequeño, pero si es mayor (en edad escolar), pueden ser enviados a su habitación hasta calmarse.

Podemos optar por otras estrategias:

  • Bajar al nivel del niño y decir con claridad y firmeza que pare de llorar o gritar. Si continua, retire al niño del lugar donde se encuentra. Esta puede ser una buena opción si se encuentra en lugares públicos.
  • Otra forma de lidiar con estos comportamientos es distrayendo al niño con otros temas. Se puede ofrecer un objeto o una actividad para que el niño distraiga su frustración de la prohibición.
  • Dejar que el niño aprenda que la rabieta tiene un precio y si insiste repitiendo el comportamiento tiene que asumir las consecuencias (puede perder un privilegio, pero no olvide que su hijo debe saber de antemano que es como consecuencia de su comportamiento).
  • Cuando el niño comienza a mostrar signos de que todo se pasa, debemos mostrarle nuestra satisfacción.
  • Debemos elogiar el comportamiento positivo y evitar reprender pasada la tormenta, pues el niño puede quedar muy vulnerable y necesita sentir que nuestro amor por él es independiente de su buen o mal comportamiento.
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