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Civilización griega

Civilizacion Griega

Los griegos son originarios de la península de los Balcanes. Fue desde el Neolítico que sabemos de la presencia del hombre en la península de los Balcanes. Los primeros habitantes eran pelasgos, posiblemente de origen mediterráneo. Los cretenses, sin embargo, eran más importantes como civilización, prevaleciendo en toda la región del Egeo. Tanto los pelasgos como los cretenses, son considerados pueblos pre-helénicos, es decir, anteriores a los griegos.

La historia de la Antigua Grecia tuvo sus orígenes en la isla de Creta, partiendo de allí a la Grecia continental y Asia Menor. Los cretenses experimentaron su mayor apogeo cuando llegaron a Asia Menor, con la reconstrucción de Troya y la Grecia continental, constituyendo así Tirinto y Micenas. Los llamados pueblos del mar surgieron por el siglo XV a.C., y sin duda fueron los predecesores de los griegos. Ellos fueron los aqueos, un pueblo de origen indoeuropeo. La mezcla de los cretenses y aqueos daría lugar la civilización micénica.

Doscientos años más tarde, los dorios, los jonios y los eolios, otros pueblos helénicos, se trasladaron a Grecia. Los invasores derrotaron a los aqueos, y ocuparon sus ciudades. Estas ciudades llegaron a convertirse en las principales representantes de la antigua Grecia: Atenas, Tebas, Esparta, entre otras.

Entre los siglos VI a VIII a.C., se dieron las primeras manifestaciones del arte griego. La realiza existente previamente desapareció y una minoría de privilegiados por el nacimiento y por la fortuna (Eupátridas) iniciaron un vasto movimiento de colonización que llevó a la fundación de las ciudades griegas en las costas del Mediterráneo. Esta emigración fue principalmente una solución a la demanda de tierra para los pobres, además, permitía establecer nuevos vínculos comerciales. Finalmente, las ciudades enriquecidas por el comercio desarrollaron una nueva estructura social: la artesanía exigió derechos políticos, mientras que los pequeños agricultores y trabajadores de las ciudades querían una revolución social. La insuficiencia de normas hacía surgir políticas en forma de tiranías haciendo necesarias las labores de los legisladores.

En el siglo IV a. C., la mayoría de las ciudades griegas estaba preocupado por los conflictos sociales, consecuencia de las guerras y de las tensiones sociopolíticas. Varios filósofos, como Jenofonte y Platón, sintieron la necesidad de reformar la ciudad. El individuo común reivindicaba sus derechos y su libertado contra la ley cívica. El mundo griego sentía el fracaso político: los oradores, especialmente Isócrates, predicar la necesidad de unidad, y el fracaso de las viejas alianzas significaba que se creía que sólo un rey podía reunir las fuerzas vivas del helenismo.

En el año 359 a 323 a.C., se produjo la intervención de Macedonia. Filipo II de Macedonia hizo de su reino una monarquía centralizada, dotado de un gran ejército, cuyo núcleo era la falange. Filipo II aprovechó las discordias de las ciudades para invertir en Grecia y disolver el imperio ateniense en el norte del Egeo. Tras la paz de Filocrates (346 a.C.), el conflicto asumió el aspecto de una lucha entre el rey y el orador ateniense Demóstenes, quien organizó la defensa de Atenas y estableció una alianza con Tebas. Pero el esfuerzo de la guerra fue tardío y Filipo II ganó en Queronea (338 a.C.). Encerró así la independencia de las ciudades griegas. La paz del 338 a.C. castigaría duramente a Tebas y privaría a Atenas de su confederación. La Liga de Corinto (federación de estados) dio a Grecia una nueva organización; las ciudades deben vivir en paz y unirse a la liga bajo la hegemonía de Filipo II.

Con la muerte de Filipo II (336 a.C.), un intento de revuelta hizo que Tebas fuera destruida. Los griegos poca participación tuvieron de la expedición de Alejandro Magno, que vino a liberar a las ciudades griegas de Asia, de hecho, creó un nuevo mundo, cuya base era la civilización griega.

La herencia cultural de Grecia triunfaría en el Imperio de Oriente, que se convertiría posteriormente en el Imperio Bizantino. Teodosio II fundó en Constantinopla una universidad griega (425 d.C.) y autorizó la celebración de las pruebas en la lengua helénica. Aunque Justiniano cerrase las escuelas filosóficas de Atenas (529 d.C.), vistas como un foco de paganismo, por otra parte utilizó la lengua griega en varios de sus actos públicos. Alrededor del año 630 d.C., Heraclio hizo que el griego fuese el idioma oficial. El uso de la lengua griega contribuyó a la propagación de la iglesia cristiana.

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