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La pintura del arte románico

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Fran GarcíaFran García

Pintura del arte romanico

La pintura al fresco evolucionó durante el periodo carolingio. Entre los ejemplos preservados más antiguos de pintura mural prerrománica germánica destacan los de la iglesia abacial de San Jorge en Oberzel, en Reichneau; los de la capilla de San Silvestre en Goldbach, en la orilla germánica del lago Constanza; los de San Andrés, cerca de la antigua ciudad de Fulda, al noreste de Frankfurt. Pero, el estilo de las pinturas murales que no se han preservado puede deducirse por los manuscritos miniados de la fase.

Estas obras siguieron en gran medida las tradiciones del arte paleocristiano y bizantino, sin embargo integraron decoraciones muy liosas, con motivos entrelazados de principio irlandés y zoomorfos germanos. Los ejemplos de pintura mural preservados incluyen motivos abstractos en los elementos arquitectónicos recluidos, tales como columnas, y representaciones de escenas bíblicas y de las vidas de los santos en las grandes superficies murales.

En estas composiciones, influidas por las pinturas y mosaicos orientales, las figuras son estilizadas y delicadas, ya que se concibieron como símbolos más que como representaciones naturalistas. De la espaciosa ornamentación mural desarrollada en otras zonas de la Europa occidental sólo se preservan algunos ejemplos, entre los que destacan los frescos, fechados en los siglos XI y XII, de las iglesias de San Juan de Poitiers y de Saint-Savin-sur-Gartempe, en la antigua provincia de Poitiers.

En el ámbito de la península Ibérica la pintura románica está muy bien representada en las áreas catalano-aragonesa y castellana. Se conservan destacadas restos pictóricos murales de muchos templos. En algunos casos aún se pueden observar en el lugar las decoraciones murales de la edad media, sin embargo la mayoría de las pinturas han sido llevadas a lienzos y se preservan en desemejantes museos del país.

Deben discernirse por una parte las representaciones murales pintadas al temple que cubrieron el interior de las iglesias, desarrollada sobre la superficie de los ábsides, la nave central y laterales o incluso el muro occidental, y por otra las pinturas sobre tabla de los antependios, piezas de madera rectangular que, con asuntos como el pantocrátor y el tetramorfo, la Virgen o las vidas de los santos, cubrieron los frentes de los altares destacados.

Dentro de la pintura mural se distinguen dos corrientes pictóricas. Por una parte, la corriente ítalo-bizantina elaborada en el área catalana que recoge las fórmulas orientales, y por otra la corriente francesa, que despliega las formas del arte carolingio u otónico, centrada básicamente en el área castellana.

En la corriente ítalo-bizantina los cúmulos de pintura mural más destacadas proceden de Cataluña, de las iglesias de Santa María y Sant Climent de Taüll, Santa María de Esterri de Aneu y San Pedro de Burgal preservados en Barcelona (siglo XII, Museo Nacional de Arte de Cataluña). Las pinturas de la ermita de la Vera Cruz de Maderuelo (Segovia), preservadas en el Museo del Prado de Madrid, aunque pertenecientes al área castellana intervienen igualmente de esta tendencia estilística, al igual que los frescos de la iglesia de San Baudelio de Berlanga (Soria), que se preservan en parte en el Museo del Prado y en desemejantes museos y colecciones privadas americanas.

La corriente de influencia francesa está representada por las pinturas de la primera mitad del siglo XII del Panteón de los Reyes de la colegiata de San Isidoro de León, así como por los frescos aragoneses provenientes de la iglesia de los Santos Julián y Basilisa de Bagüés (Zaragoza), preservados en el Museo Diocesano de Jaca.

Respecto a la pintura sobre tabla debemos de destacar los frontales de la Seo de Urgell y de Ix, el primero con la representación del Cristo en majestad con los apóstoles y el segundo con escenas alusivas a san Martín (ambos en Barcelona, Museo Nacional de Arte de Cataluña).

Los mosaicos tuvieron una influencia bizantina incluso mayor que la pintura y se utilizaron espaciosamente en la ornamentación de las iglesias románicas italianas, especialmente en la basílica de San Marcos de Venecia y en las iglesias sicilianas de Cefalú y Monreale.

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