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La escultura gótica

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Escultura gotica

La escultura continuó el precedente románico, con una holgada divulgación de imágenes cuyo fin era adoctrinar a los devotos en los dogmas de la fe religiosa y ornamentar las fachadas de las catedrales. La escultura de los siglos XII y fundamentos del XIII tuvo un carácter preponderantemente arquitectónico. Las figuras más importantes son las estatuas grandiosos de las jambas (pilastras laterales) de las portadas y las de los parteluces de los vanos de entrada. Reciben el nombre de estatuas-columna por estar adosadas a estos soportes. A veces, la estatua-columna tiende a liberarse del marco arquitectónico, como si fuera una escultura exenta o de bulto redondo.

En el estilo estimado protogótico destacan las estatuas-columna del célebre pórtico de la Gloria (fachada occidental) de la catedral de Santiago de Compostela (España, último tercio del siglo XII), donde apóstoles y profetas se hacen eco del nuevo sentido naturalista idealizado, al mismo tiempo que expresan sus sentimientos y comienzan a entablar lo que se denomina sacra comentazione, esto es, la comunicación entre los personajes sagrados. En Francia cabe reseñar las estatuas-columna de la fachada occidental de la catedral de Chartres, que datan en torno a de 1155. Las estatuas del pórtico Real de Chartres tienen unas proporciones y un sentido del volumen que revelan un naturalismo ajeno al mundo románico. A lo largo de las décadas posteriores las figuras de Chartres imitaron a un gran número de autores franceses. Pero, las estatuas-columna no eran las únicas expresiones escultóricas figurativas de las portadas, que seguían un rico y preparado programa iconográfico alineado en los altorrelieves del tímpano, arquivoltas y en menor medida, en los dinteles de las puertas. En los parteluces, solían aparecer estatuas de la Virgen, Cristo o algún santo relacionado con la iglesia catedralicia.

Pero, las expresiones protogóticas aún conservaban un cierto carácter románico. En torno a 1180 la estilización románica evolucionó hacia una fase de transformación en el que las estatuas comenzaron a contraer una serie de rasgos naturalistas como la gracia, delicadeza, solemnidad, sinuosidad y libertad de movimientos. Este estilo ‘clasicista’ terminó en la primera década del siglo XIII en las series de esculturas de las portadas de los transeptos norte y sur de la catedral de Chartres.

De todos modos el término clasicista debe ser matizado, debido a la discrepancia fundamental que existe entre las figuras góticas y las del verdadero estilo clásico antiguo. En la figura clásica, sea estatua o relieve, puede apreciarse un cuerpo absolutamente articulado debajo y por separado de sus ropajes, mientras que en la gótica no existe tal discriminación. Lo que puede apreciarse del cuerpo es inseparable de los pliegues de la vestimenta: incluso en el momento en que se trata de desnudos, como en las estatuas de Adán y Eva (previos a 1237) de la catedral de Bamberg (Alemania) la anatomía se subordina a un proceso de abstracción.

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