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Jerusalén y el conflicto israelí-palestino

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Ruben EspinozaRuben Espinoza
Jerusalén y el conflicto israelí-palestino

Jerusalén y el conflicto israelí-palestino, © Fotografía AP

Una vez creado el Estado de Israel en 1968 por la ONU, se han producido varios conflictos entre los israelíes y los palestinos. Entre estas diferencias, las intervenciones militares para lograr los territorios de los dos países han devastado la región. Uno de los mayores problemas para esa cuestión es el no reconocimiento del Estado de Israel por parte del gobierno palestino y la no aceptación de la división de la ciudad de Jerusalén para la capital de Palestina por Israel. El problema involucra más que intereses políticos, consiste en razones religiosas, complicando aún más la situación.

Según la Biblia, Abraham tuvo dos hijos: Isaac, con Sara (de donde se presume la descendencia judía) e Ismael, con Agar (de donde descenderían los musulmanes). El tiempo pasa y los hebreos migran para Palestina. Como una gran sequía en la región, buena parte de las tribus va hasta Egipto en busca de un lugar mejor. Aquí entraría Moisés, el Éxodo, el cautiverio en Babilonia, Jesús y finalmente la diáspora provocada por el Imperio Romano. Los descendientes de Ismael permanecen en la región mientras que los judíos terminan dispersos por el mundo. A continuación Mahoma propaga el Islam teniendo a Jesús como sede de acontecimientos importantes. El Islam proclama Jerusalén como una de las tres ciudades sagradas después de la Meca y Medina. Durante la Edad Media llegarían los cruzados tomando Jerusalén como reclamo de Tierra Sagrada. Finalmente, con el ápice del movimiento sionista (que pretende favorecer la emigración judía) y con el final de la Segunda Guerra Mundial es creado el bendito Estado de Israel, pero con una drástica maniobra de la ONU el acuerdo se quebrantado y un día después los musulmanes atacan Jerusalén. A partir de ahí comienzan una serie de conflictos que culminan hasta hoy.

El principal problema es el hecho de que los judíos religiosos se consideran el único pueblo elegido de Dios, marcando a los musulmanes como herejes, un hecho equivocado una vez que el Islam tiende a ser una continuación del cristianismo y del judaísmo. Además la palabra Alláh viene del hebreo El Ellah que quiere decir Dios.

Resumiendo, adoran a un mismo Dios y descienden del mismo patriarca, luego no debería haber ninguna razón religiosa para incitar al conflicto. Jerusalén es considerada una ciudad sagrada para el judaísmo (capital del Reino de Israel creado por David), cristianismo (ciudad de la pasión y muerte de Jesucristo) e islamismo (ciudad donde Mahoma ascendió a los cielos). De hecho, la ciudad pertenece a Israel por haber sido creada por el Rey David (un judío). Siglos después de la diáspora, los árabes habitaron al región de Israel, estableciendo Jerusalén como una de las ciudades más importantes del Islam.

¿Cómo resolver el conflicto israelí-palestino?

Para abordar este tema debemos zanjar el problema de territorio. Primero sería necesario que el gobierno Palestino reconociera el Estado de Israel. Con la aceptación, el territorio de Israel sería redefinido, trazando la frontera a partir del litoral debajo de Tel-Aviv, pasando por Jerusalén, yendo hacia abajo por el valle de Hebrón y cortando hasta la mitad del mar Muerto. Israel quedaría con la parte norte a partir de Tel-Aviv hasta la frontera con Siria, teniendo dos tercios del litoral del territorio antiguo y mitad del mar Muerto. Palestina queda con la parte sur a partir de Tel-Aviv para abajo. Las capitales de los dos países serían Tel-Aviv para Israel, y la ciudad de Gaza para Palestina, Jerusalén no sería capital por el hecho de ser una ciudad de contenido religioso internacional.

Con respecto a las tres religiones, Jerusalén pertenecerá a Israel, por el hecho histórico, pero no será la capital de cualquiera de los dos países. La ciudad sería una zona neutral. Palestina tendrá una tercera parte del litoral pero la mitad del área del mar Muerto. Por el hecho de estar en el sur, Palestina posee una buena región desértica. Para revertir eso, Israel, financiado por los Estados Unidos, haría la transposición del mar Muerto para esa región, creando plantas de desalinización y canales de irrigación, haciendo que aquella área seca se vuelva fértil. Israel formaría parte de la Liga Árabe, donde junto con los Estados Unidos, la Liga Árabe financiaría la construcción del Estado de Palestina.

¿Qué ganarían los Estados Unidos e Israel?

Con la entrada de Israel en la Liga Árabe, los Estados Árabes podría reconocer a Israel y tendría otro aliado en la expansión de la economía en el lugar. Por lo tanto, la Liga Árabe, ayudaría a Israel económicamente, mientras que Israel ayudaría a Palestina en un simple intercambio de favores comerciales. Todos prosperarían. Estados Unidos haría acuerdos con la Liga Árabe para poner fin a la disputa sobre el petróleo y finalmente Israel y Palestina harían acuerdos económicos haciendo que la economía de ambos países creciera. Con el desarrollo de la región desértica, las familias palestinas podrían vivir en esas áreas viviendo de la agricultura. Cerca del mar Muerto serían creados polos industriales donde la economía crecería del interior para el litoral de Palestina envolviendo los países vecinos, incluyendo Israel.

De todos modos, los políticos no pueden resolver esta situación, no porque no tengan capacidad, sino porque no quieren. Movidos por el orgullo y por el sentimiento nacionalista de superioridad de Estado, ellos cierran los ojos frente a la única verdad: los únicos que sufren son el pueblo, masacrados por la guerra y por el medio impuesto por los intereses de la política internacional. Una vez el fundador del bahaísmo dijo: ‘La Tierra es un solo país y los seres humanos son sus ciudadanos’ (Mirza Hussein-‘Alí Nurí), ¿será cierto?.

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