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Rincón de la nostalgia

Infancia destruida: la razón por la que no conseguiste atrapar el peluche de la máquina

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Maquina de peluches (900x623)

Si creciste en la década de 1980 y 1990, es muy seguro que hayas pasado tus tardes de sábado en los parques de diversión en los centros comerciales o ferias, llenas de máquinas de pinball y muchas otras atracciones, coloridas y divertidas. Todas ellas accesibles con pocas monedas o una tarjeta de puntos.

Sin lugar a dudas, algunos de los juguetes más codiciados para los niños eran los que se encontraban dentro de la máquina de palancas. Esa máquina albergaba maravillosos premios, pero tenía su truco, por supuesto. La premisa era simple: con la ayuda de un joystick podíamos mover el aparato mecánico para prácticamente cualquier lado; a continuación, apretábamos un botón y esperábamos a agarrar aquel juguete tan deseado. Parecía subir, pero tristemente se deslizaba y caía antes de llegar a su meta. Al menos, esa era el escenario más probable con apenas una moneda.

Este tipo de juguetes se volvieron muy deseados y populares, pues a diferencia de las máquinas tragaperras o juegos de arcade y pinball, el único adversario era supuestamente nuestra propia habilidad, volviéndose atractivo por el simple motivo de que cualquiera podría ganar. Pero estábamos engañados, pobres inocentes.

maquina peluches

A través de un video podemos ver nuestra infancia un poco destruida. La verdad detrás de la máquina de juguetes es tan sucia y mezquina como cualquier máquina tragamonedas del mejor casino de Las Vegas o ese bar de la esquina de tu ciudad.

A través de un sistema totalmente programable por el dueño de los juguetes, se puede calibrar la misma garra para trabajar con toda su fuerza sólo cuando se llegue a una cantidad mínima para compensar la ganancia del juguete.

Explicamos bien: imagina que un peluche cuesta 10 euros y que una moneda para jugar en la máquina cuesta 2 euros. La máquina sería programada para solamente trabajar con toda la fuerza apenas cuando alcance el mínimo de 6 partidas, por ejemplo, lo que equivaldría a 12 euros – beneficio mínimo para el dueño de 2 euros.

Eso significa, que antes de un mínimo de 6 partidas, incluso cuando encajemos perfectamente el dispositivo mecánico sobre el juguete, esta tecnología no tendrá la suficiente fuerza – programada – para agarrarlo. Y no hay cómo prever el momento exacto en que la garra funcionará realmente, pues el sistema es aleatorio, lo que genera todavía más beneficios posibles.

En algunos casos, el mecanismo es programado para coger el juguete y, en la mitad de su camino rumbo al compartimento de retirada, él simplemente suelta el premio, dando esa sensación de que ‘faltó muy poco’ para conseguirlo. La casa siempre gana, incluso en la máquina de peluches.

Video

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