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Escultura barroca en Italia

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Escultura Italia Barroco

La respuesta antimanierista en la escultura italiana tiene su primer ejemplo importante en la Santa Cecilia de Stefano Maderno (1600, iglesia de Santa Cecilia in Trastevere, Roma). El gusto por lo curvilíneo, el dramatismo y la pronunciada torsión de los cuerpos son características que se repiten en sus primeros trabajos.

Fue Gian Lorenzo Bernini, sin embargo, quien dominó la escultura barroca en Roma. Entre sus primeros conjuntos escultóricos de grandes dimensiones, el Rapto de Proserpina (1621-1622) y Apolo y Dafne (1622-1624, ambas en la Galería Borghese, Roma) exhiben su dominio de la escultura en mármol, desarrollando efectos realistas de gran tirantez trágica, fuertes contrastes de luz y sombra y la ilusión óptica del jaspeado. El Éxtasis de santa Teresa (1645-1652, capilla Cornaro, iglesia de Santa Maria della Vittoria, Roma) resume a la perfección la elevada teatralidad que caracteriza al barroco. Bernini fue el artista predilecto de los papas, para quienes desarrolló los proyectos más ambiciosos en el Vaticano. Tanto el inmenso baldaquino (1624-1633), un grande ciborio o dosel sobre columnas salomónicas que cubre el altar mayor de la basílica de San Pedro, como la Cátedra de San Pedro (1657-1666), en el ábside de la basílica vaticana, refrendan con su colosal tamaño y ricos materiales (mármol y bronce dorado) el suntuoso fama de la Iglesia católica. Bernini fue igualmente un extraordinario retratista, como puede verse en los bustos de Constanza Buonarelli (c. 1635, Museo del Barguello, Florencia) y del Papa Inocencio X (c. 1647, Galería Doria Pamphili, Roma). Su único contrincante en este género fue el escultor Alessandro Algardi.

Las fuentes se transformaron en uno de los monumentos públicos más característicos del barroco, un aspecto en el que igualmente destacó el polifacético Bernini. Su fuente de los Cuatro ríos (1648-1651) en la romana plaza Navona, impresiona al televidente por sus gigantescas estatuas, el grande obelisco egipcio que remata su centro y los efectistas juegos de agua. Bernini fue igualmente un eminente e prominente arquitecto; además de la gran columnata (comenzada en 1656) que rodea la plaza de San Pedro del Vaticano, proyectó iglesias como la de Sant’Andrea al Quirinale (1658-1670) en Roma.

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