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Cerámica y escultura incas

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Ceramica y escultura incaica

En la cerámica inca la falta del torno hacía que el alfarero se viera obligado a modelar la vasija a mano, y la pasta, presentada en términos generales en forma de rulos alargados, se enroscaba sobre sí misma para cimentar las paredes de la pieza. Adicionalmente de esta antigua técnica andina, el uso del molde aceptó la fabricación en serie, de tal forma que la realización se incrementó eminentemente. Debemos discernir entre el menaje doméstico y la vajilla de uso ritual. Mientras que en el primer caso las formas y tamaños derivaban de las necesidades ordinarias, en el segundo, su desarrollo estuvo de manera directa condicionado por el mundo de las convicciones.

Estilísticamente encontramos la cerámica tipo killke, con una tiempología que va del 1200 al 1450 d.C., y la cerámica policroma tipo Cuzco desde 1450 hasta la colonia. Las iniciales aparecen ornamentadas con motivos geométricos muy sencillos en tonos rojos y negros mientras las segundas, ornamentadas de igual forma, denotan una realización técnica más cuidada. No sólo se plasmaba sobre sus paredes una rica iconografía, sino que las piezas mismas eran puestas como ofrendas en las sepulturas.

Los alfareros incas no inventaron ninguna técnica que fuera desconocida en etapas previas y su cerámica se singularizó, básicamente por formas equilibradas, un pulimento eminente y la preponderancia de los motivos geométricos. Los tipos más característicos y propios fueron el aríbalo, una vasija globular de base cónica, cuello cilíndrico de borde evertido con un apéndice zoomorfo en la base del cuello y dos asas en forma de lazo; el kero, un vaso de uso ritual empleado por el Inca y la nobleza; y una gran diversidad de cuencos y platos de muy múltiples formas y decoraciones.

Los keros y pajchas merecen una mención especial. Realizados a partir de maderas muy duras como la chonta y empleados para libaciones rituales a la tierra, se ornamentaban mediante incisiones o ornamentación labrada sobre las que luego se aplicaban pastas resinosas coloreadas. Los asuntos solían ser escenas figurativas acondicionadas en franjas o frisos horizontales que suministran una riquísima información sobre la vida incaica, tanto en etapa prehispánica como en tiempos de la conquista española (encontramos escenas cortesanas, de guerra y rituales). Estas tipologías siguieron imperantes durante la etapa colonial, aunque integrando en sus composiciones muchos elementos ornamentales de raíz hispana y mayores dosis de dinamismo y profusión decorativa.

Escultura

El arte inca se singularizó por la sobriedad, la geometría y la síntesis.

Los trabajos desarrollados en piedra constituyen la otra gran agrupación de realizaciones incaicas que merece la pena destacar. Suele limitarse a representaciones zoomorfas de auquénidos (llamas, vicuñas y alpacas) y fitomorfas (mazorcas de maíz), que son conocidas como conopas, y a muchos cuencos y recipientes denominados popularmente morteros.

Entroncados en las tradiciones artísticas andinas, los incas supieron imprimir un carácter propio y único a sus obras que se centró en una simplificación de las formas a través de volúmenes geométricos sencillos y una esquematización de los motivos decorativos muy próxima a una concepción estética geometrizante y cubista. El arte inca se singularizó por la sobriedad, la geometría y la sumario, tendiendo más a lo práctico y funcional que a lo formal.

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