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Arte y arquitectura precolombinas

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Fran GarcíaFran García

Arte y arquitectura precolombinas

A lo largo de 3.000 años, antes de la exploración y colonización del hemisferio occidental por parte de los europeos, los pobladores nativos de la América precolombina poseían una agrupación de civilizaciones cuyos logros artísticos e intelectuales podían competir con los de la antigua China, de la India, Mesopotamia y el mundo mediterráneo.

Estos logros resultan aún más atrayentes si tenemos en cuenta que la mayoría de las técnicas de las civilizaciones del hemisferio oriental no eran conocidas en el Nuevo Mundo. La rueda, por ejemplo, se utilizaba en Mesoamérica únicamente en los juguetes y jamás llegó a adaptarse a la alfarería, a la construcción de carretas o como método de arrastre. El uso de herramientas de metal no era frecuente y, además, no comenzaron a emplearse hasta las últimas etapas de la historia precolombina. Los mayas realizaban elaboradas esculturas y complejos ornamentos de jade golpeando una piedra con otra.

Ámbito geográfico

Arqueólogos e historiadores culturales agrupan las culturas precolombinas por zonas geográficas. A pesar de que en algunos casos no se ponen de conformidad sobre la prolongación precisa de esas zonas, suele admitirse una división geográfica básica. En este artículo se juzga que la zona de Mesoamérica, una de las regiones culturales de mayor relevancia, engloba los actuales países de México, Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador. La otra región cultural de gran relevancia la constituyen Perú y Bolivia, que forman el área central andina. La zona intermedia la integran la parte sur de América Central y el norte de los posteriores países de América del Sur: Venezuela, Colombia y Ecuador. La zona periférica entiende el resto de América del Sur y las islas del Caribe.

A pesar de que en un principio se juzgaba que estas zonas eran entidades culturales separadas unas de otras, recientes indagaciones arqueológicas revelan que existe una importante interrelación cultural entre ellas. Y, por resultante, en la actualidad se investigan las afinidades culturales tanto como en el pasado se investigaban las distinciones. Para la búsqueda de restos o afinidades entre las diferentes civilizaciones precolombinas muchos antropólogos, arqueólogos e historiadores del arte estudian las culturas indígenas actuales de Iberoamérica.

Cronología

Tradicionalmente se ha establecido una división en el tiempo de tres periodos u horizontes que entienden las fases más importantes: el preclásico o de formación, (c. 1500 a.C.-c. 300 d.C.); el clásico o de florecimiento, (c. 300-c. 900); y el posclásico (c. 900-1540). A pesar de que el término clásico da a comprender que en ese periodo se alcanzó el punto máximo del avance cultural, los expertos actuales niegan el supuesto, antiguamente imperante, de que lo mejor del arte y la arquitectura precolombinas se produjera en el periodo clásico. El arte y la arquitectura de cuatro civilizaciones posclásicas, la mixteca y la azteca en México, así como la chimú y la inca en Perú, son igual de importantes que las de sus predecesoras clásicas, y se distinguen únicamente en gusto y propósito.

En el periodo preclásico pueden apreciarse ya algunos de los aspectos del avance pleno de la civilización precolombina. En ese periodo temprano América se encontraba conformada por jefaturas tribales aisladas y reinos pequeños cuyas correspondientes culturas se realizaron, en su mayor parte, independientes unas de otras. Pero, existen pruebas de la holgada divulgación de algunas ideas religiosas y motivos visuales. Tanto la civilización olmeca de México, como la cultura de San Agustín en Colombia y la cultura chavín en Perú adoraban a una deidad felina, y todas compartían una iconografía artística parecida.

A lo largo del periodo clásico se realizaron imperios muy complejos. Sus mandatarios eran en términos generales sacerdotes, en lugar de los sacerdotes-guerreros que administraron las civilizaciones posclásicas, y las culturas se difundían o asimilaban más vertiginosamente. A pesar de que suele considerarse una etapa sosegada, los estudios arqueológicos más recientes han demostrado que la mayoría de las civilizaciones de la etapa clásica eran guerreras. Las conquistas y el comercio extensivo produjeron una riqueza que se usó para la construcción de centros cultores o ciudades, así como para la producción de efectos personales cada vez más lujosos y objetos funerarios o rituales de gran calidad.

El periodo posclásico se caracteriza por las frecuentes guerras generadas por presiones socio-financieras como el incremento de la población y el avance técnico. Las culturas y civilizaciones de este periodo son las mejor documentadas, por causa de que los cronistas españoles alojaron sus impresiones personales o recopilaron historias de los ocupados.

Rasgos culturales

Las civilizaciones precolombinas eran especialmente agrícolas. El cultivo del maíz se transformó en el alimento destacado en Mesoamérica, como lo fue la papa o patata en la zona andina de Perú y Bolivia. Hasta la relativa secularización que se dio en el periodo posclásico, la religión fue primordial en la configuración y el avance de la cultura precolombina. Pero, las convicciones y ritos religiosos se encontraban muy condicionados por preocupaciones conectadas con la fertilidad de la tierra y la productividad de las cosechas que suelen dominar las sociedades agrícolas. Por lo tanto, gran parte del arte y la arquitectura precolombinas está conectada con la ciencia astronómica, a través de la cual los indígenas americanos establecían las etapas más apropiadas para plantar y juntar la cosecha.

Se realizaron dos tipologías urbanas. Una era el centro cultor, de estructura compleja constituida especialmente por edificios religiosos y administrativos que se construían en torno a plazas y que carecía de casas y calles. Se considera que en estos centros únicamente vivían los mandatarios seglares y religiosos con sus cortes, mientras que la mayoría de la población residía en granjas pequeñas en una zona suburbana periférico. La otra tipología, parecido a lo que sabemos actualmente como ciudades, tenía calles que separaban las residencias de las desemejantes clases sociales, así como templos y edificios administrativos orientados hacia la plaza central. Los proyectos arqueológicos recientes que estudian los trazados en emplazamientos mesoamericanos ponen de manifiesto que lo que se creían centros cultores alojaban poblaciones de plebeyos, semejándose a legítimas ciudades. Tanto los complejos cultores como las legítimas ciudades servían como centros religiosos, gubernamentales y comerciales. El comercio no únicamente era importante para el suministro de bienes indispensables y superfluos, sino igualmente como medio de transmisión de ideas y técnicas, así como de formas y motivos artísticos.

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