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Arte kamamura

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Fran GarcíaFran García

Arte kamakura

En 1180 detonó el conflicto bélico civil, la Guerra Gempei entre dos clanes militares, los Taira y los Minamoto; cinco años después, Minamoto Yorimoto, a la cabeza de su facción, conseguía la conquista y establecía su gobierno en el pueblo costero de Kamakura, donde se mantuvo hasta 1333.

Con el traspaso de poderes de la nobleza a la clase guerrera, el arte debía ponerse al servicio de un público nuevo: los militares, los hombres dedicados a las técnicas y trabajos asociados con el conflicto bélico, los sacerdotes responsables de difundir el budismo entre los plebeyos iletrados y igualmente a los miembros más preservadores de la sociedad, entre los que se hallaba la nobleza y algunos religiosos que lamentaban el debilitamiento del poder de la corte. Todas estas circunstancias confluyeron en el arte de la etapa Kamakura, que se caracteriza por su amalgama de realismo, tendencia hacia lo popular y resurgimiento de lo clásico.

1. Escultura

Un estilo de escultura más realista y dinámica fue desarrollado por la escuela de Kei, en especial por Unkei, cuya factura queda que es manifiesto en los dos guardianes (1203) de la gran puerta sur del Todai-ji de Nara. Estas estatuas, de unos 8 m de altura, fueron talladas en muchos bloques durante una etapa de tres meses, suceso que indica que existía un taller de artesanos que trabajaban a las órdenes de un maestro escultor. La técnica de los bloques múltiples posibilitaba cimentar grandes estatuas sin peligro de resquebrajamiento de la madera. Entre las obras más realistas de la etapa destacan las esculturas de madera policromada de Unkei (1208, Kofuku-ji, Nara) que representan a los dos eruditos indios Muchaku y Seshin, legendarios autores de la secta Hosso y que, como es habitual en la obra de este artista, son imágenes muy estrambóticos y de gran credibilidad.

2. Caligrafía y pintura

El Kegon Engi Emaki (historia ilustrada de la fundación de la secta Kegon) es un extraordinario ejemplo de la tendencia de la pintura Kamakura hacia lo popular. La secta Kegon, una de las más importantes de la etapa Nara, atravesó momentos difíciles durante el dominio de las sectas de la Tierra Pura. Reapareció tras la Guerra Gempei (1180-1185) gracias al sacerdote Myo-e del Kozan-ji, quien pretendía además hacer un refugio para las viudas de guerra. Los conocimientos de las cónyuges de los samurái, aun siendo nobles, se limitaban al silabario nativo para la transcripción de sonidos e ideas y la mayoría de ellas tenían impedimentos con los escrituras que empleaban ideogramas chinos. Por ello, el Kegon Engi Emaki es una amalgama de escrituras, escritos con la mayor cantidad posible de sílabas de sencillo lectura, y de ilustraciones en las que los coloquios entre los personajes están escritos al lado del orador, siguiendo una técnica comparable a las tiras cómicas de hoy.

Narra las vidas de los dos sacerdotes coreanos autores de la secta con una conspiración ágil, llena de factos fantásticos, como un viaje al palacio del monarca del Océano, y una desgarradora historia de amor. Una obra que sirve de ejemplo al estilo más preservador es la versión ilustrada del diario de Murasaki Shikibu. Aún se seguían realizando versiones emaki de su obra literaria en prosa, sin embargo la nobleza, que aunque adaptada al nuevo interés por el realismo sentía nostalgia por las pasadas etapas de riqueza y poder, recuperó el diario y lo ilustró para hacer revivir el fama de los tiempos de la autora. Uno de los pasajes más bellos ilustra el capítulo en el cual dos jóvenes cortesanos juegan a conservar prisionera a Murasaki Shikibu en su habitación, mientras fuera la luna se evidencia en las orillas cubiertas de musgo de un riachuelo que recorre el jardín imperial.

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