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Arte griego: los periodos geométrico y oriental

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Fran GarcíaFran García

vasos cinerarios

Los vestigios más destacados del arte griego de las fases más antiguas son piezas de cerámica. Las vasijas de la fase geométrica se decoraban con bandas de meandros y otros motivos geométricos, de ahí su denominación. En los ejemplos más antiguos, los motivos rectilíneos se conjuntaron con elementos curvilíneos derivados del arte micénico. Aproximadamente a comienzos del año 750 a.C. se introdujeron motivos humanos y zoomorfos de maneras estilizadas, como puede observarse en las representaciones del cuerpo de un guerrero muerto o de un carro tirado por caballos. El mejor ejemplo de cerámica de estilo geométrico son los vasos cinerarios, recipientes dirigidos a contener las cenizas de los difuntos, que se hallaron en una necrópolis cercana a la puerta de Dipylon de Atenas.

El estilo de la cerámica decorada se alteró en torno a en el siglo VII a.C., debido a la ascendente colonización griega del Mediterráneo y al comercio con los fenicios y otros pueblos orientales. En las vasijas de este periodo, conocido como periodo oriental de la cerámica decorada, los diseños abstractos geométricos se sustituyeron por los motivos de inspiración naturalista propios del arte oriental, como la flor de loto, la palmeta, los leones y las esfinges. La ornamentación creció en cantidad y complejidad.

De la escultura de la fase geométrica se han encontrado únicamente pequeñas piezas en bronce o arcilla. Entre ellas cabe destacar una pequeña figurilla de un atleta dorio desarrollada en bronce (Museo de Bellas Artes de Boston). Las esculturas de este periodo no son representaciones realistas, sino obras esquemáticas de naturaleza conceptual.

La arquitectura de las fases geométricas y orientales consistió en estructuras sencillas desarrolladas con adobe y ripio. Las casas más antiguas eran chozas circulares, que evolucionaron hacia modelos elípticos en forma de herradura. Después se hicieron rectangulares, organizadas a lo largo del eje este-oeste, con una entrada porticada en uno de los extremos. Las cubiertas a dos aguas o de doble vertiente se construían en paja, y las planas en barro.

La planta básica de los templos era parecido a la de las casas. En Samos, Esparta, Olimpia y Creta se han encontrado los cimientos de algunos templos del final de la fase geométrico. En Eretria y Termos algunos ejemplos ulteriores conservan la planta de herradura. En los de planta rectangular, los dos muros laterales destacan hacia el exterior de la pared frontal configurando un vestíbulo o pórtico. Dentro del espacio cubierto o cella, las vigas de madera del tejado a dos aguas se apoyaban en una única fila de columnas de madera, dispuestas a lo largo del eje destacado; después, sin embargo, se sustituyeron por dos hileras de columnas con el propósito de asentir una visión más directa de la imagen de la deidad. Estas dos columnatas, como los muros laterales, se prolongaban más allá del muro frontal para sustentar el pórtico de entrada o pronaos.

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