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Arte chino en la dinastía Qing

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Fran GarcíaFran García

Arte chino qing

Los últimos años de la dinastía Ming estuvieron establecidos por grandes disputas políticas internas. Esta situación era observada por la vecina Dongbei Pingyuan (Manchuria), que aprovechándose de las rebeliones, se hizo con el poder en 1644 y se mantuvo hasta 1911. Deseosos de aparecido las tradiciones de las dinastías previas, los mandatarios Qing abrazaron todos los trazos de la cultura china.

1. Pintura

La corte continuó patrocinando la academia real de pintura, sin embargo la calidad de su realización no iba más allá de la buena imitación de los estilos Song. Como en siglos previos, las mejores pinturas procedían de los artistas letrados. A lo largo del reinado de la dinastía Qing florecieron dos escuelas bien distinguidas de wen-jen-hua: los que basaban su obra en los maestros de la etapa Yuan y los llamados individualistas, que practicaban una pintura más libre, menos restringida. En el primer conjunto había notorios artistas como Wang Huei, quien, además de realizar un grande número de obras al estilo de pintores como Huang Kong-wang y Tong K’i-ch’ang, desarrolló un estilo propio de compleja ejecución. Otros pintores, como Hong Jen, dominaban la forma de pintar de un solo artista Yuan (en este caso de Ni Tsan), copiando y trabajando únicamente en sus obras.

La otra escuela de wen-jen renegaba el enfoque ortodoxo de los incondicionales de los modelos Yuan. En lugar de ello, se esforzaban por cultivar un estilo personal de ejecución. El monje budista Chun Ta trabajaba sin trabas, a la manera de los pintores Zen de la etapa Song del sur. A pesar de que numerosas de sus figuras parecen distorsionadas, jamás llegan a ser abstractas, y sus pájaros y rocas, dibujados velozmente, conservan su forma orgánica. De forma semejante, la pintura de Tao Tsi, conocido igualmente como She T’ao, trasluce un intenso conocimiento de la naturaleza, acentuando el dinamismo de las composiciones mediante zonas de aguadas azules o rosas. Publicó un tratado en el que protegía la independencia del artista frente al ciego servilismo a la obra de los antiguos maestros.

2. Cerámica

Las artes decorativas de la etapa Qing denotan más técnica que belleza. El proceso de esmaltado se perfeccionó durante esta etapa, junto con incontables nuevos tonos para la porcelana de vidriado monocromo. En los siglos XVII y XVIII se exportaban a Europa preciosas porcelanas. Cuando los hornos occidentales comenzaron a hacer porcelana azul y esmaltada, la calidad de la cerámica china comenzó a decaer. Las piezas más atrayentes salían de los pequeños talleres de provincias donde los alfareros, sin competir con los hornos imperiales, desarrollaban delicadas piezas por requeridos locales. La loza Yi-hsing de la provincia de Jiangxi, un tipo de gres rojo y pardo sin vidriar, era la preferida de los eruditos de la región y ningún caballero dejaba de tener una pequeña tetera, un soporte para la pluma o un cuentagotas en su escritorio.

3. Otras artes decorativas

Los estilos ornamentales preferidos en la etapa Ming fueron seguidos por los artistas Qing en metalistería, laqueado y talla en jade. Eran exclusivos trabajando con minuciosidad el cristal soplado y, tanto en China como fuera, eran muy conocidos los frascos de rapé de vistosos colores. Los muebles de madera ornamentados con laca, que algunas veces era dorada, tenían gran aceptación en la corte imperial y entre los empleados públicos ricos y los comerciantes.

4. Arquitectura

Igualmente en la arquitectura siguieron numerosas de las tradiciones Ming. Los mongoles habían declinado el delicado estilo Song e comenzaron una tendencia hacia las estructuras más bajas y macizas, que fue adoptada por los arquitectos Ming, quienes desarrollaron muchos edificios rectangulares. Los templos Ming conservaban algunos detalles Song, como las figuras de madera tallada y policromada con vivos colores. A su vez, los emperadores Qing preferían interiores amplios, casi monótonos, desprovistos de detalles. Los palacios, muchos de los cuales aún existen en la ciudad de Pekín, son la marca distintiva de la arquitectura Qing, que se caracteriza por sus formas macizas y por una estricta simetría. El color desempeña un importante papel en estos edificios de tejados dorados, molduras rojas y escaleras de mármol blanco. Igualmente existen algunas variantes, como la residencia veraniega de Yuan Ming Yuan, del siglo XVIII, inspirada en el estilo del palacio de Versalles en Francia. En el extremo opuesto se encuentra el Altar del Paraíso (comenzado en el año 1420, restaurado en el año 1890), estructura circular de tres pisos, inspirada en las descripciones de los estilos arquitectónicos previos a la dinastía Han.

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