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Biblioteca de Alejandría: mitos y realidad

Biblioteca de Alejandria
Durante un viernes de luna nueva del mes de Moharram, en el vigésimo año de la Hégira (equivalente al 22 de diciembre 640), el general árabe Amr Ibn al-As, conquistó Alejandría en Egipto, ubicando a la ciudad bajo el gobierno del califa Omar. Fue el comienzo del final de la famosa Biblioteca de Alejandría, construida por Ptolomeo Filadelfo en el siglo III a.C. para recoger los libros de todos los pueblos existente. Bajo instrucciones del mandato, finalmente la biblioteca llegó a su fin y fue destruida más de mil años después de su existencia.

Del mismo modo que sucede en los mitos, existe en la extinción de la Biblioteca de Alejandría una serie de componentes políticos. Otros pueblos que han sido señalados en su destrucción han sido los cristianos y los paganos. Ningún pueblo desea tener esa carga histórico de haber llevado a la desaparición de un importante epicentro cultural que había recogido tanta cultura en un mismo lugar. Las versiones oficiales del sitio oficial de la Biblioteca de Alejandría registran apenas las versiones anticristianas y antipaganas.

Retornando a la versión de los árabes, Amr Ibn al-As no se podía considerar un ser inculto, como podría esperarse de un militar. Cuatro años antes de la toma de Alejandría en el año 636, cuando ocupó Siria, Amr Ibn al-As llamó al patriarca y le propondrá cuestiones sutiles acerca de las Escrituras Sagradas y de la supuesta naturaleza divina de Cristo. Solicitó que verificasen el original hebraico de la traducción griega del Antiguo Testamento, en relación a un pasaje del Génesis que surgió en una discusión.

Llegado a Alejandría comenzó a frecuentar a un erudito comentarista de Aristóteles. En el curso de un debate largo y erudito que trataba en Alejandría, se le contó que la Biblioteca de Alejandría había alcanzado reunir casi 1 millón de manuscritos y fueron pedidos para su liberación, entonces limitados a las tropas del general. El mimitar afirmó que no podría disponer de los códices sin antes consultar con el califa y se ofreció a escribir al soberano.

Según el relato, poco más tarde, el emisario de Omar llegó con la respuesta sobre qué hacer con la Biblioteca: “En cuanto a los libros mencionados, aquí está la respuesta. Si su contenido sigue los preceptos del libro de Alá podemos dispensarlos, visto que en este caso el libro de Alá es más que suficiente. Si por el contrario, contienen información en desaprobación con el libro de Alá, no hay ninguna necesidad de conservarlos. Prosiga y destruya”.

Siguiendo las órdenes del califa, el general Amr Ibn al-As acabó con todas sus obras. Según cuenta el relato, él distribuyó cerca de 4000 libros en todos los baños públicos de Alejandría para ser utilizados como combustible. Tomaron cerca de seis meses para quemar todo su material. Apenas los trabajos de Aristóteles se salvaron.

La historia es hermosa, pero como cualquier otra historia es sólo una parte de la historia. En términos más objetivos, lo más probable es que la Biblioteca sucumbiera a varios incendios que provocaron la destrucción real de la Biblioteca. El iniciado por Amr a pedido del califa Omar habría sido el último y, probablamente, el más creíble.

Otro incendio que suele ser citado con frecuencia habría sido provocado por Julio César en el 48 a.C., cuando el general romano decidió ayudar a Cleopatra para tramar una guerra civil con su hermano Ptolomeo. Así, prendieron fuego a una flota egipcia que habría consumido entre 40.000 y 400.000 libros.

Otra versión defiende que lo restante de la Biblioteca de Alejandría fue destruido en el año 391 de la era cristiana. Después de que el emperador Teodosio emitiera un decreto prohibiendo a las religiones paganas, el obispo Teófilo de Alejandría (385 hasta 412) ordenó el retiro de las secciones que se habían quedado a salvo de incendios anteriores, ya que fueron consideradas incentivo al paganismo.

De hecho, todas estas versiones se merecen cierta consideración y no son necesariamente incompatibles, pues la Biblioteca de Alejandría, a lo largo de más de diez siglos de existencia, se extendió por varios edificios y depósitos de la ciudad. Por ejemplo, el incendio causado por César sucedió en el puerto por lo que solamente podría haber destruido los libros recién llegados o preparados para ser embarcados, pues los edificios principales de la Biblioteca de Alejandría permanecían lejos del puerto.

La idea de levantar la biblioteca más formidable de todos los tiempos resurgió recientemente a finales de la década de los 70 en la Universidad de Alejandría. En 1988, el presidente egipcio, Hosni Mubarak, puso la primera piedra, pero no fue hasta 1995 que se comenzó a trabajar realmente. El magnífico edificio de 11 pisos, que costó 212 millones de dólares., muchos de ellos cubiertos por la UNESCO, se completó el año pasado. Sólo la sala de lectura de la biblioteca principal tiene 38.000 metros cuadrados, la más grande del mundo. La colección, que no se ha cumplido totalmente, debe contener alrededor cinco millones de libros. Será interesante ver cómo el gobierno egipcio, que no es precisamente un defensor de la libertad de expresión e información, controla el flujo de cultura e información en la nueva biblioteca.

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