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Arte rupestre

Arte rupestre

El arte rupestre, pinturas rupestres o grabados rupestres, son términos que figuran en las más antiguas representaciones artísticas conocidas, la más antigua data del Paleolítico superior (40.000 a.C.), registrado en refugios o cavernas, en sus paredes y techos rocosos, o también en superficies rocosas al aire libre, pero en lugares protegidos, normalmente con fechas de épocas pre-históricas.

En la vida del hombre prehistórico tenía lugar el arte y el espíritu de conservación de aquello necesitaba. Estudios arqueológicos demuestran que el hombre de la prehistoria ya conservaba, además de cerámicas, otros objetos como armas y utensilios trabajados en la piedra, en los huesos de los animales que abatían y en el metal. Los arqueólogos y antropólogos que estudian piezas extraídas de excavaciones confieren a estos vestigios su real valor como «documentos históricos», verdaderos testimonios de la vida del hombre en tiempos remotos y de culturas extintas.

Los estudios arqueológicos realizados en Europa, Asia y África, entre otros, revelan en que medio surgieron entre los primitivos hombres cazadores los primeros artistas, que pintaban, esculpían y grababan. El color en la pintura ya era conocido el hombre de Neanderthal. Las «Venus Esteatopígicas», esculturas en piedra o marfil de figuras femeninas estilizadas, con formas muy acentuadas, son manifestaciones artísticas de las más primitivas del Homo Sapiens (Paleolítico Superior, 40.000 a.C.) y que demuestran su capacidad de simbolizar. A estas esculturas se atribuye un sentido mágico, propiciatorio de la fertilidad femenina y el primer registro de una deidad o un sentimiento religioso, que convencionalmente se llama la Diosa Madre, la Madre Cósmica, o la Madre Tierra.

No es menos notable el desarrollo de la pintura en la misma época. Se encuentra en los techos y paredes de cuevas oscuras, descubiertas por casualidad, situadas en los fondos de las cuevas. Son pinturas vibrantes realizadas en policromía causando gran impresión con un firme propósito de imitar a la naturaleza con el máximo realismo, a partir de observaciones realizadas durante la caza. En la Cueva de Altamira (conocida como la Capilla Sixtina de la Prehistoria), en España, las pinturas rupestres de bisontes ha impresionado desde su descubrimiento por el tamaño y el volumen alcanzado con la técnica del claroscuro. En otros lugares y en otras cuevas, las pinturas impresionaron por el realismo. En algunos casos, los puntos vitales del animal eran marcados por flechas. Para algunos, la pintura garantizaba el éxito del cazador. Para otros estudiosos, fue el deseo de producir arte.

Cualquiera sea la razón, el arte conservado por milenios permitió que las cuevas prehistóricas se conviertan en los primeros museos de la humanidad.

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